Poder, Estado y desarrollo económico en la República Dominicana (1930-1961)
Preámbulo del libro «El verdugo y el constructor: La paradoja trujillista» (En proceso de elaboración)

Hay una frase de un historiador francés, Marc Bloch, que me viene a la memoria y que, de algún modo, resume el espíritu con el que abordaremos este trabajo:
«La incomprensión del presente nace fatalmente de la ignorancia del pasado.»
Nuestro propósito será precisamente ese: comprender el pasado para entender mejor el presente, sin convertir la historia en un tribunal ni en un altar.
¿Por qué escribir hoy este libro?
Hay libros que nacen de una investigación reciente y otros que comienzan a escribirse muchos años antes de que el autor se siente frente al papel. Este pertenece a los segundos.
Hace más de cuatro décadas presenté un anteproyecto de tesis para optar por la licenciatura en Economía en la Universidad Autónoma de Santo Domingo: «Trujillo y el capitalismo industrial dominicano». Fue rechazado por considerarse una defensa del trujillismo. Durante años aquel trabajo permaneció guardado entre papeles viejos. Hoy lo releo con otros ojos. No me interesa defender ni condenar a un hombre. Me interesa comprender un proceso histórico.
Mi propósito era estudiar, desde una perspectiva económica e histórica, las transformaciones estructurales ocurridas en el país durante la Era de Trujillo.
La vida, sin embargo, tiene la costumbre de devolvernos preguntas que creemos superadas.
Muchos años después encontré nuevamente aquellas páginas. Al releerlas comprendí que ya no era el mismo joven que las había escrito. La experiencia del servicio público, las lecturas acumuladas, la observación de la realidad dominicana y el ejercicio continuo de la escritura habían transformado mi manera de entender la historia.
También comprendí que aquel viejo proyecto contenía una inquietud que seguía siendo válida: tratar de explicar uno de los procesos económicos más importantes del siglo XX dominicano sin renunciar al rigor intelectual ni ceder a las simplificaciones.
Este libro nace de esa inquietud renovada.
No pretende reivindicar una dictadura ni minimizar el inmenso dolor humano que dejó el régimen de Rafael Leónidas Trujillo. Ningún análisis económico puede borrar la persecución política, la supresión de las libertades públicas, el miedo sembrado en la población ni los crímenes que marcaron aquellos treinta y un años de poder absoluto. Esa realidad pertenece a nuestra memoria histórica y sería deshonesto ignorarla.
Pero tampoco considero correcto que el estudio de una época quede reducido únicamente a una de sus dimensiones. La historia de los pueblos suele ser más compleja. En ocasiones, junto a profundas injusticias, ocurren transformaciones institucionales, económicas y sociales que terminan influyendo durante generaciones. Comprender esos procesos no significa justificarlos; significa asumir el deber de estudiarlos con serenidad. Ese es el propósito de estas páginas.
Más que escribir sobre un hombre, deseo reflexionar sobre un período histórico. Más que emitir un juicio moral, me interesa comprender cómo un país esencialmente agrícola, con instituciones frágiles y un reducido mercado interno, comenzó a transitar hacia nuevas formas de organización económica y estatal.
¿Qué cambios fueron realmente estructurales? ¿Cuáles respondieron exclusivamente a la voluntad del dictador? ¿Cuáles sobrevivieron a su muerte y pasaron a formar parte del Estado dominicano? ¿Qué enseñanzas deja ese proceso para comprender la República Dominicana de hoy? Son preguntas legítimas que merecen respuestas serenas.
Con el paso de los años he aprendido que la historia no puede escribirse desde la pasión política ni desde el resentimiento. Tampoco desde la nostalgia. Debe escribirse con respeto por los hechos, disposición para escuchar distintas interpretaciones y humildad para reconocer que ninguna generación posee toda la verdad.
Este libro aspira precisamente a eso: a examinar un período decisivo de nuestra historia desde una mirada económica e institucional, integrando también sus dimensiones políticas y sociales. No busca cerrar un debate, sino contribuir a enriquecerlo.
Quizá el mayor cambio entre el joven universitario que redactó aquel anteproyecto y el autor de estas páginas sea este: antes quería demostrar una tesis; hoy deseo comprender una realidad.
Si al finalizar esta obra el lector logra mirar ese período con mayor amplitud, distinguiendo tanto sus luces como sus sombras, consideraré cumplido el propósito que me animó a escribirla.
Porque los pueblos no fortalecen su memoria ocultando el pasado, sino estudiándolo con honestidad. Solo así la historia deja de ser motivo de confrontación para convertirse en una escuela de comprensión y de futuro.
¿Cómo debe juzgarse un período histórico en el que coexistieron el progreso material y la ausencia de libertades?
Esa pregunta no es solo dominicana. También se han hecho estudios semejantes sobre la España de Franco, la Corea del Sur de Park Chung-hee, Chile bajo Pinochet o Singapur con Lee Kuan Yew. Analizar esos procesos no significa justificarlos, sino intentar comprender cómo interactúan el poder político, el desarrollo económico y la construcción del Estado.
Continuará…
Domingo Núñez Polanco
Publicado en el Nuevo Diario: