Pequeñas costumbres que debemos conocer para vivir mejor
Por Domingo A. Núñez Polanco
DomingoLaRevista
Nuestro cerebro también necesita cuidados
A veces nos preocupamos por el corazón, los riñones, la presión arterial o los niveles de azúcar en la sangre, pero olvidamos un órgano extraordinario del que dependen nuestros pensamientos, recuerdos, emociones y buena parte de lo que hacemos cada día: el cerebro.
Hace algún tiempo llegó a nuestras manos una publicación sobre diez hábitos perjudiciales para el cerebro. La guardamos y, al encontrarla nuevamente, pensamos que valía la pena compartir algunas reflexiones con nuestros lectores.
Sin embargo, no todo lo que circula por las redes sociales tiene suficiente respaldo científico. Por eso hemos preferido revisar aquellas recomendaciones, corregir algunas y agregar otras que pueden ayudarnos a comprender mejor cómo cuidar nuestra salud.
Porque cuidar el cerebro no es solamente una preocupación de quienes hemos llegado a la tercera edad. Es una tarea que debe comenzar desde la juventud.
1. Dormir poco y descansar mal
El cerebro necesita descansar. Durante el sueño se desarrollan procesos importantes para la memoria, el aprendizaje y el funcionamiento del organismo.
Acostarnos demasiado tarde no es necesariamente perjudicial si dormimos las horas suficientes y mantenemos horarios regulares. El verdadero problema aparece cuando dormimos poco o tenemos un descanso de mala calidad.
En los adultos, generalmente se recomiendan entre siete y nueve horas de sueño, aunque las necesidades individuales pueden variar.
2. Alimentarnos de manera poco saludable
Lo que comemos influye en nuestra salud, incluida la del cerebro.
Una alimentación basada frecuentemente en productos ultraprocesados, bebidas azucaradas y exceso de grasas poco saludables puede contribuir a problemas como la obesidad, la diabetes y las enfermedades cardiovasculares.
Conviene consumir frutas, vegetales, habichuelas, avena, pescado, frutos secos y otros alimentos nutritivos.
No necesitamos alimentos costosos. Muchos productos que encontramos diariamente en nuestros mercados pueden formar parte de una alimentación saludable.
3. Permanecer demasiado tiempo sentados
El cuerpo humano está hecho para moverse.
Caminar, bailar, trabajar en el jardín o realizar actividades físicas adecuadas a nuestra edad contribuye a mantener una buena circulación y favorece la salud cerebral.
No es obligatorio asistir a un gimnasio. Una caminata diaria puede ser una excelente costumbre.
Lo importante es evitar que el sillón y la televisión se conviertan en nuestros compañeros permanentes.
4. Fumar y consumir alcohol en exceso
El tabaquismo perjudica los vasos sanguíneos y aumenta el riesgo de enfermedades que también afectan al cerebro.
El consumo excesivo de alcohol puede dañar la memoria, el juicio y otras funciones cerebrales.
Y aquí debemos aclarar algo: aunque durante años se recomendó una copa de vino para la salud, actualmente no se aconseja comenzar a beber alcohol buscando beneficios para el cerebro.
5. Vivir aislados de familiares y amigos
El ser humano necesita compañía, conversación y afecto.
Mantener relaciones sociales satisfactorias puede favorecer nuestro bienestar emocional y contribuir a conservar nuestras capacidades cognitivas.
Visitar a un amigo, conversar con los vecinos, compartir con los nietos o participar en actividades comunitarias son costumbres que enriquecen nuestra vida.
La soledad no deseada, especialmente cuando se prolonga, merece atención.
6. Dejar de aprender cosas nuevas
El cerebro necesita estímulos.
Leer, escribir, aprender una canción, practicar alguna habilidad o interesarnos por acontecimientos nuevos son actividades que ayudan a mantenerlo activo.
Resolver crucigramas o jugar sudoku puede resultar entretenido y estimulante, aunque ninguna de estas actividades garantiza por sí sola evitar la demencia.
Nunca somos demasiado viejos para aprender.
7. Descuidar la presión arterial y el azúcar
Muchas veces pensamos que la hipertensión y la diabetes solamente afectan al corazón, los riñones o la circulación.
Sin embargo, cuando no están bien controladas, también pueden dañar los vasos sanguíneos del cerebro y aumentar el riesgo de accidentes cerebrovasculares y deterioro cognitivo.
Por eso es importante acudir a nuestras revisiones médicas y seguir los tratamientos indicados.
8. Vivir sometidos al estrés permanente
Todos tenemos preocupaciones. Forman parte de la vida.
Pero cuando las tensiones se prolongan y afectan nuestro descanso, estado de ánimo y actividades diarias, pueden perjudicar nuestra salud.
Buscar momentos de tranquilidad, conversar con personas de confianza, realizar actividades agradables y procurar un descanso adecuado son medidas que pueden ayudarnos.
9. Descuidar la audición y la visión
Pocas veces relacionamos los problemas de audición con la salud cerebral.
Sin embargo, la pérdida auditiva se ha identificado como uno de los factores asociados con un mayor riesgo de deterioro cognitivo.
Algo parecido ocurre con determinados problemas de visión que no reciben atención.
Escuchar y ver adecuadamente nos ayuda a comunicarnos, aprender y participar en la vida social.
10. Pensar que la vejez significa dejar de vivir
Llegar a una edad avanzada no significa que debamos abandonar nuestros intereses, amistades y proyectos.
Es cierto que con los años experimentamos cambios físicos y mentales. Pero también acumulamos conocimientos, recuerdos y experiencias que podemos compartir con las nuevas generaciones.
Seguir leyendo, caminando, escribiendo, conversando y participando en nuestra comunidad nos permite conservar una vida activa y con sentido.
El envejecimiento es inevitable. La renuncia a vivir plenamente no tiene por qué serlo.
Una reflexión final
Nuestro cerebro nos acompaña desde que nacemos hasta el último día de nuestra existencia.
Con él aprendimos nuestras primeras palabras, reconocimos el rostro de nuestra madre, guardamos los recuerdos de la infancia y construimos buena parte de nuestra historia personal.
Por eso merece nuestra atención.
No existen alimentos milagrosos ni ejercicios capaces de garantizar que nunca perderemos la memoria o desarrollaremos alguna enfermedad cerebral. Pero sí existen hábitos saludables que pueden reducir riesgos y mejorar nuestra calidad de vida.
Y si algo debemos recordar es que nunca resulta demasiado tarde para comenzar a cuidarnos.
Llegamos a viejos y todavía tenemos mucho que hacer. También tenemos mucho que aprender y mucho que enseñar.
Nota editorial: Este artículo tiene fines educativos y no sustituye las orientaciones de los profesionales de la salud. Está inspirado en una publicación divulgativa de autoría no identificada, cuyo contenido ha sido revisado y actualizado.
La ciencia también nos orienta
Las recomendaciones que hemos compartido no son simples consejos populares. Muchas encuentran respaldo en investigaciones realizadas por organismos internacionales de salud.
La Organización Mundial de la Salud, en sus recomendaciones actualizadas de 2026, destaca la importancia de mantener hábitos saludables y atender oportunamente las enfermedades que pueden afectar nuestra memoria y nuestras capacidades mentales.
Por su parte, una investigación publicada en la revista médica The Lancet en 2024 señala que una parte importante de los casos de demencia podría prevenirse o retrasarse mediante la reducción de determinados factores de riesgo.
La enseñanza es sencilla: caminar, alimentarnos adecuadamente, cuidar nuestra presión arterial, evitar el tabaco, mantener nuestras relaciones sociales y continuar aprendiendo son decisiones que pueden contribuir a una mejor salud.
No se trata de encontrar una fórmula milagrosa para detener el envejecimiento. Se trata de comprender que, aun con el paso de los años, podemos hacer mucho por nuestro bienestar.
Porque envejecer es parte de la vida, pero cuidar nuestra salud es una responsabilidad de todos los días.
Fuentes: Organización Mundial de la Salud (2026), Comisión de The Lancet (2024) y Organización Panamericana de la Salud (2019).
Referencias científicas seleccionadas
1. Organización Mundial de la Salud — 2026
Reducción del riesgo de deterioro cognitivo y demencia, segunda edición, publicada el 15 de julio de 2026.
Incluye recomendaciones sobre actividad física, alimentación, tabaquismo, consumo perjudicial de alcohol, sueño y control de enfermedades crónicas.
Organización Mundial de la Salud
3. Organización Panamericana de la Salud — 2019
Adoptar un estilo de vida saludable ayuda a reducir el riesgo de demencia.
Explica de manera accesible la importancia de caminar, evitar el tabaco, alimentarse bien y controlar la presión arterial, el colesterol y el azúcar.
Pan American Health Organization
Consultar artículo de la OPS











