sábado, 10 de octubre de 2026

Diez hábitos que pueden perjudicar la salud de nuestro cerebro.

 


Pequeñas costumbres que debemos conocer para vivir mejor

Por Domingo A. Núñez Polanco
DomingoLaRevista


Nuestro cerebro también necesita cuidados

A veces nos preocupamos por el corazón, los riñones, la presión arterial o los niveles de azúcar en la sangre, pero olvidamos un órgano extraordinario del que dependen nuestros pensamientos, recuerdos, emociones y buena parte de lo que hacemos cada día: el cerebro.

Hace algún tiempo llegó a nuestras manos una publicación sobre diez hábitos perjudiciales para el cerebro. La guardamos y, al encontrarla nuevamente, pensamos que valía la pena compartir algunas reflexiones con nuestros lectores.

Sin embargo, no todo lo que circula por las redes sociales tiene suficiente respaldo científico. Por eso hemos preferido revisar aquellas recomendaciones, corregir algunas y agregar otras que pueden ayudarnos a comprender mejor cómo cuidar nuestra salud.

Porque cuidar el cerebro no es solamente una preocupación de quienes hemos llegado a la tercera edad. Es una tarea que debe comenzar desde la juventud.
1. Dormir poco y descansar mal

El cerebro necesita descansar. Durante el sueño se desarrollan procesos importantes para la memoria, el aprendizaje y el funcionamiento del organismo.

Acostarnos demasiado tarde no es necesariamente perjudicial si dormimos las horas suficientes y mantenemos horarios regulares. El verdadero problema aparece cuando dormimos poco o tenemos un descanso de mala calidad.

En los adultos, generalmente se recomiendan entre siete y nueve horas de sueño, aunque las necesidades individuales pueden variar.
2. Alimentarnos de manera poco saludable

Lo que comemos influye en nuestra salud, incluida la del cerebro.

Una alimentación basada frecuentemente en productos ultraprocesados, bebidas azucaradas y exceso de grasas poco saludables puede contribuir a problemas como la obesidad, la diabetes y las enfermedades cardiovasculares.

Conviene consumir frutas, vegetales, habichuelas, avena, pescado, frutos secos y otros alimentos nutritivos.

No necesitamos alimentos costosos. Muchos productos que encontramos diariamente en nuestros mercados pueden formar parte de una alimentación saludable.
3. Permanecer demasiado tiempo sentados

El cuerpo humano está hecho para moverse.

Caminar, bailar, trabajar en el jardín o realizar actividades físicas adecuadas a nuestra edad contribuye a mantener una buena circulación y favorece la salud cerebral.

No es obligatorio asistir a un gimnasio. Una caminata diaria puede ser una excelente costumbre.

Lo importante es evitar que el sillón y la televisión se conviertan en nuestros compañeros permanentes.
4. Fumar y consumir alcohol en exceso

El tabaquismo perjudica los vasos sanguíneos y aumenta el riesgo de enfermedades que también afectan al cerebro.

El consumo excesivo de alcohol puede dañar la memoria, el juicio y otras funciones cerebrales.

Y aquí debemos aclarar algo: aunque durante años se recomendó una copa de vino para la salud, actualmente no se aconseja comenzar a beber alcohol buscando beneficios para el cerebro.
5. Vivir aislados de familiares y amigos

El ser humano necesita compañía, conversación y afecto.

Mantener relaciones sociales satisfactorias puede favorecer nuestro bienestar emocional y contribuir a conservar nuestras capacidades cognitivas.

Visitar a un amigo, conversar con los vecinos, compartir con los nietos o participar en actividades comunitarias son costumbres que enriquecen nuestra vida.

La soledad no deseada, especialmente cuando se prolonga, merece atención.
6. Dejar de aprender cosas nuevas

El cerebro necesita estímulos.

Leer, escribir, aprender una canción, practicar alguna habilidad o interesarnos por acontecimientos nuevos son actividades que ayudan a mantenerlo activo.

Resolver crucigramas o jugar sudoku puede resultar entretenido y estimulante, aunque ninguna de estas actividades garantiza por sí sola evitar la demencia.

Nunca somos demasiado viejos para aprender.
7. Descuidar la presión arterial y el azúcar

Muchas veces pensamos que la hipertensión y la diabetes solamente afectan al corazón, los riñones o la circulación.

Sin embargo, cuando no están bien controladas, también pueden dañar los vasos sanguíneos del cerebro y aumentar el riesgo de accidentes cerebrovasculares y deterioro cognitivo.

Por eso es importante acudir a nuestras revisiones médicas y seguir los tratamientos indicados.
8. Vivir sometidos al estrés permanente

Todos tenemos preocupaciones. Forman parte de la vida.

Pero cuando las tensiones se prolongan y afectan nuestro descanso, estado de ánimo y actividades diarias, pueden perjudicar nuestra salud.

Buscar momentos de tranquilidad, conversar con personas de confianza, realizar actividades agradables y procurar un descanso adecuado son medidas que pueden ayudarnos.
9. Descuidar la audición y la visión

Pocas veces relacionamos los problemas de audición con la salud cerebral.

Sin embargo, la pérdida auditiva se ha identificado como uno de los factores asociados con un mayor riesgo de deterioro cognitivo.

Algo parecido ocurre con determinados problemas de visión que no reciben atención.

Escuchar y ver adecuadamente nos ayuda a comunicarnos, aprender y participar en la vida social.
10. Pensar que la vejez significa dejar de vivir

Llegar a una edad avanzada no significa que debamos abandonar nuestros intereses, amistades y proyectos.

Es cierto que con los años experimentamos cambios físicos y mentales. Pero también acumulamos conocimientos, recuerdos y experiencias que podemos compartir con las nuevas generaciones.

Seguir leyendo, caminando, escribiendo, conversando y participando en nuestra comunidad nos permite conservar una vida activa y con sentido.

El envejecimiento es inevitable. La renuncia a vivir plenamente no tiene por qué serlo.
Una reflexión final

Nuestro cerebro nos acompaña desde que nacemos hasta el último día de nuestra existencia.

Con él aprendimos nuestras primeras palabras, reconocimos el rostro de nuestra madre, guardamos los recuerdos de la infancia y construimos buena parte de nuestra historia personal.

Por eso merece nuestra atención.

No existen alimentos milagrosos ni ejercicios capaces de garantizar que nunca perderemos la memoria o desarrollaremos alguna enfermedad cerebral. Pero sí existen hábitos saludables que pueden reducir riesgos y mejorar nuestra calidad de vida.

Y si algo debemos recordar es que nunca resulta demasiado tarde para comenzar a cuidarnos.

Llegamos a viejos y todavía tenemos mucho que hacer. También tenemos mucho que aprender y mucho que enseñar.

Nota editorial: Este artículo tiene fines educativos y no sustituye las orientaciones de los profesionales de la salud. Está inspirado en una publicación divulgativa de autoría no identificada, cuyo contenido ha sido revisado y actualizado.


La ciencia también nos orienta

Las recomendaciones que hemos compartido no son simples consejos populares. Muchas encuentran respaldo en investigaciones realizadas por organismos internacionales de salud.

La Organización Mundial de la Salud, en sus recomendaciones actualizadas de 2026, destaca la importancia de mantener hábitos saludables y atender oportunamente las enfermedades que pueden afectar nuestra memoria y nuestras capacidades mentales.

Por su parte, una investigación publicada en la revista médica The Lancet en 2024 señala que una parte importante de los casos de demencia podría prevenirse o retrasarse mediante la reducción de determinados factores de riesgo.

La enseñanza es sencilla: caminar, alimentarnos adecuadamente, cuidar nuestra presión arterial, evitar el tabaco, mantener nuestras relaciones sociales y continuar aprendiendo son decisiones que pueden contribuir a una mejor salud.

No se trata de encontrar una fórmula milagrosa para detener el envejecimiento. Se trata de comprender que, aun con el paso de los años, podemos hacer mucho por nuestro bienestar.

Porque envejecer es parte de la vida, pero cuidar nuestra salud es una responsabilidad de todos los días.

Fuentes: Organización Mundial de la Salud (2026), Comisión de The Lancet (2024) y Organización Panamericana de la Salud (2019).
Referencias científicas seleccionadas

1. Organización Mundial de la Salud — 2026

Reducción del riesgo de deterioro cognitivo y demencia, segunda edición, publicada el 15 de julio de 2026.

Incluye recomendaciones sobre actividad física, alimentación, tabaquismo, consumo perjudicial de alcohol, sueño y control de enfermedades crónicas.

Organización Mundial de la Salud


3. Organización Panamericana de la Salud — 2019

Adoptar un estilo de vida saludable ayuda a reducir el riesgo de demencia.

Explica de manera accesible la importancia de caminar, evitar el tabaco, alimentarse bien y controlar la presión arterial, el colesterol y el azúcar.

Pan American Health Organization

Consultar artículo de la OPS

lunes, 3 de agosto de 2026

El verdugo y el constructor: La paradoja trujillista

 El hombre y su historia

Poder, Estado y desarrollo económico en la República Dominicana (1930-1961)

Preámbulo del libro «El verdugo y el constructor: La paradoja trujillista» (En proceso de elaboración)

Hay una frase de un historiador francés, Marc Bloch, que me viene a la memoria y que, de algún modo, resume el espíritu con el que abordaremos este trabajo:
«La incomprensión del presente nace fatalmente de la ignorancia del pasado.»

Nuestro propósito será precisamente ese: comprender el pasado para entender mejor el presente, sin convertir la historia en un tribunal ni en un altar.

¿Por qué escribir hoy este libro?

Hay libros que nacen de una investigación reciente y otros que comienzan a escribirse muchos años antes de que el autor se siente frente al papel. Este pertenece a los segundos.


Hace más de cuatro décadas presenté un anteproyecto de tesis para optar por la licenciatura en Economía en la Universidad Autónoma de Santo Domingo: «Trujillo y el capitalismo industrial dominicano». Fue rechazado por considerarse una defensa del trujillismo. Durante años aquel trabajo permaneció guardado entre papeles viejos. Hoy lo releo con otros ojos. No me interesa defender ni condenar a un hombre. Me interesa comprender un proceso histórico.


Mi propósito era estudiar, desde una perspectiva económica e histórica, las transformaciones estructurales ocurridas en el país durante la Era de Trujillo.


La vida, sin embargo, tiene la costumbre de devolvernos preguntas que creemos superadas.
Muchos años después encontré nuevamente aquellas páginas. Al releerlas comprendí que ya no era el mismo joven que las había escrito. La experiencia del servicio público, las lecturas acumuladas, la observación de la realidad dominicana y el ejercicio continuo de la escritura habían transformado mi manera de entender la historia.
También comprendí que aquel viejo proyecto contenía una inquietud que seguía siendo válida: tratar de explicar uno de los procesos económicos más importantes del siglo XX dominicano sin renunciar al rigor intelectual ni ceder a las simplificaciones.

Este libro nace de esa inquietud renovada.

No pretende reivindicar una dictadura ni minimizar el inmenso dolor humano que dejó el régimen de Rafael Leónidas Trujillo. Ningún análisis económico puede borrar la persecución política, la supresión de las libertades públicas, el miedo sembrado en la población ni los crímenes que marcaron aquellos treinta y un años de poder absoluto. Esa realidad pertenece a nuestra memoria histórica y sería deshonesto ignorarla.

Pero tampoco considero correcto que el estudio de una época quede reducido únicamente a una de sus dimensiones. La historia de los pueblos suele ser más compleja. En ocasiones, junto a profundas injusticias, ocurren transformaciones institucionales, económicas y sociales que terminan influyendo durante generaciones. Comprender esos procesos no significa justificarlos; significa asumir el deber de estudiarlos con serenidad. Ese es el propósito de estas páginas.

Más que escribir sobre un hombre, deseo reflexionar sobre un período histórico. Más que emitir un juicio moral, me interesa comprender cómo un país esencialmente agrícola, con instituciones frágiles y un reducido mercado interno, comenzó a transitar hacia nuevas formas de organización económica y estatal.

¿Qué cambios fueron realmente estructurales? ¿Cuáles respondieron exclusivamente a la voluntad del dictador? ¿Cuáles sobrevivieron a su muerte y pasaron a formar parte del Estado dominicano? ¿Qué enseñanzas deja ese proceso para comprender la República Dominicana de hoy? Son preguntas legítimas que merecen respuestas serenas.

Con el paso de los años he aprendido que la historia no puede escribirse desde la pasión política ni desde el resentimiento. Tampoco desde la nostalgia. Debe escribirse con respeto por los hechos, disposición para escuchar distintas interpretaciones y humildad para reconocer que ninguna generación posee toda la verdad.

Este libro aspira precisamente a eso: a examinar un período decisivo de nuestra historia desde una mirada económica e institucional, integrando también sus dimensiones políticas y sociales. No busca cerrar un debate, sino contribuir a enriquecerlo.

Quizá el mayor cambio entre el joven universitario que redactó aquel anteproyecto y el autor de estas páginas sea este: antes quería demostrar una tesis; hoy deseo comprender una realidad.

Si al finalizar esta obra el lector logra mirar ese período con mayor amplitud, distinguiendo tanto sus luces como sus sombras, consideraré cumplido el propósito que me animó a escribirla.

Porque los pueblos no fortalecen su memoria ocultando el pasado, sino estudiándolo con honestidad. Solo así la historia deja de ser motivo de confrontación para convertirse en una escuela de comprensión y de futuro.

¿Cómo debe juzgarse un período histórico en el que coexistieron el progreso material y la ausencia de libertades?
Esa pregunta no es solo dominicana. También se han hecho estudios semejantes sobre la España de Franco, la Corea del Sur de Park Chung-hee, Chile bajo Pinochet o Singapur con Lee Kuan Yew. Analizar esos procesos no significa justificarlos, sino intentar comprender cómo interactúan el poder político, el desarrollo económico y la construcción del Estado.

Continuará…

Domingo Núñez Polanco

Publicado en el Nuevo Diario:

lunes, 15 de junio de 2026

Juan Bosch: Vida, pensamiento y legado (1 de 3)


Estimados amigos lectores:

En esta oportunidad deseo hacer una breve aclaración y, al mismo tiempo, pedir disculpas a quienes siguen con atención mis publicaciones.

En el artículo de la semana pasada, titulado «El rostro de la patria: una lectura iconográfica de Duarte en la obra de Miguel Núñez», indiqué que el trabajo sería presentado en tres entregas.

Como podrán advertir, aún quedan pendientes dos partes de esa serie.

La razón de esta pausa obedece a una fecha de especial significación para nuestra memoria histórica y cultural. El próximo 30 de junio se conmemora un nuevo aniversario del nacimiento del profesor Juan Bosch, figura fundamental de la vida intelectual, política y democrática de la República Dominicana.

Por tal motivo, he considerado oportuno posponer temporalmente las dos entregas restantes sobre Duarte para dedicar las próximas publicaciones a la serie «Juan Bosch: vida, pensamiento y legado», que también será presentada en tres entregas.


Concluida esta breve incursión en la obra y el pensamiento de Bosch, retomaremos la serie dedicada a Duarte y a la valiosa labor iconográfica del pintor Miguel Núñez.


Agradezco, como siempre, su comprensión, su lectura y su permanente acompañamiento.


Domingo Núñez Polanco

Juan Bosch: Vida, pensamiento y legado (1ra. entrega)

Hablar de Juan Bosch es, para mí, hablar de una de las raíces más sólidas del pensamiento nacional dominicano. Su vida fue un acto continuo de coherencia entre la palabra y la acción, entre la sensibilidad del escritor y la responsabilidad del ciudadano comprometido.

Desde mi adolescencia, el nombre de Juan Bosch resonaba en mi entorno con una mezcla de respeto, polémica y convicción. En las calles de mi pueblo se escuchaban apodos despectivos como «el ovejo», aludiendo a su cabellera canosa, o «cuentista», no por sus notables cuentos literarios, sino como burla de quienes no alcanzaban a entender la dimensión ética e intelectual de su figura.

Mi padre, sin embargo, no se dejaba confundir por esas etiquetas. Le indignaban los juicios ligeros de quienes repetían como papagayos frases hechas para denigrar la figura de Bosch. Con una firmeza tranquila, solía decir: “Yo creo en él. Es un político diferente… Con él, el país puede echar adelante.”

Esa afirmación temprana sembró en mí una semilla que con el tiempo germinó en conciencia. Ya en mi juventud, cuando comenzaba a formar mis propias inquietudes políticas, tuve el privilegio de conocer personalmente a Juan Bosch, gracias a mi hermano Diómedes, quien fue su asistente personal. Esa relación cercana nos permitió, como familia, establecer lazos de amistad con él, más allá del personaje público.

Descubrí en Bosch no solo al maestro del cuento y al estudioso incansable, sino al hombre de una sola palabra, al líder que pensó la política como un ejercicio de servicio y honestidad. Su vida fue un testimonio ejemplar de coherencia, lucidez y compromiso con la justicia social y la dignidad de los pueblos.

Desde su temprana vocación literaria hasta su exilio voluntario por negarse a pactar con la tiranía, Bosch encarna una rara integridad moral que marcó generaciones. Conocí su obra primero como lector curioso y luego como hombre consciente de que en sus páginas se encontraba una visión del país posible, del deber ciudadano y del respeto profundo por los pueblos de América.

Bosch fue mucho más que un político. Fue un sembrador de ideas, un maestro de generaciones, un estadista que pensó la democracia como instrumento de liberación y no como simple forma de gobierno. Su militancia surgió del deber y no del interés. Y su palabra, aún hoy, resuena con la fuerza de quien nunca traicionó sus convicciones.

Estos trabajos recogen esa mirada agradecida y reflexiva sobre su trayectoria, su pensamiento y su legado. No pretende ser una biografía ni una defensa, sino una forma de reconocer cuánto le debemos quienes creemos que un país mejor es posible, y que la política puede ser, como lo fue para Bosch, un acto de moral y de esperanza.

A propósito de Duarte y Bosch, terminamos esta primera entrega diciendo: Duarte nos legó la patria como ideal; Bosch nos enseñó a pensarla y servirla. Ambos continúan iluminando el camino de la nación dominicana.

La historia de un pueblo no se cuenta en un solo rostro ni en una sola voz; Duarte y Bosch, cada uno desde su tiempo, siguen dialogando con la conciencia nacional.

Por Domingo Núñez Polanco

Publicado en el periódico dominicano el Nuevo Diario:

martes, 9 de junio de 2026

Antes de morir… vive

 Cultura y Sociedad

Hay textos que no necesitan grandes palabras para llegar al corazón. Este es uno de ellos. Su fuerza no está en la elegancia literaria ni en la profundidad filosófica, sino en la sencillez con que nos recuerda algunas verdades que la vida nos enseña lentamente.

 Domingolarevista.com

Antes que nada, conviene señalar que este texto suele circular atribuido a William Shakespeare, pero no existe evidencia de que haya sido escrito por él. Más bien se trata de una reflexión moderna de autor desconocido que, con el paso del tiempo, terminó asociándose a su nombre. Sin embargo, más allá de su origen, contiene enseñanzas sencillas y profundas sobre la vida, por lo que me ha motivado y me ha salido la siguiente reflexión:

Hay textos que no necesitan grandes palabras para llegar al corazón. Este es uno de ellos. Su fuerza no está en la elegancia literaria ni en la profundidad filosófica, sino en la sencillez con que nos recuerda algunas verdades que la vida nos enseña lentamente.

Con los años uno descubre que muchas de las preocupaciones que nos quitan el sueño terminan siendo pasajeras. Los problemas llegan, nos golpean, nos obligan a pensar y a madurar, pero casi siempre encuentran una salida. La vida tiene una extraña capacidad para seguir adelante.

También es cierto que esperar demasiado de los demás suele traer decepciones. No porque las personas sean malas, sino porque cada quien libra sus propias batallas. Cuando aprendemos a agradecer lo que recibimos sin convertirlo en una obligación ajena, encontramos una paz difícil de explicar.

El texto nos invita, además, a practicar virtudes sencillas que parecen pequeñas, pero sostienen la convivencia humana: escuchar antes de hablar, pensar antes de escribir, examinarse antes de criticar y perdonar antes de guardar rencor. Son enseñanzas antiguas que nunca pasan de moda.

A mis setenta y dos años, después de muchas alegrías, algunas pérdidas y no pocas tormentas, he llegado a comprender que la felicidad no suele esconderse en los grandes acontecimientos. Habita más bien en las cosas simples: una conversación sincera, el cariño de los hijos y los nietos, una caminata al amanecer, el recuerdo agradecido de quienes ya partieron o la satisfacción de haber sido útil a alguien.

La vida es breve. Lo sabemos desde jóvenes, pero solo lo entendemos de verdad cuando los calendarios comienzan a acumularse. Entonces descubrimos que el tiempo es el bien más valioso que poseemos y que cada día merece vivirse con gratitud.

Por eso, de todas las frases de este texto, quizás la más importante sea la última:

«Antes de morir… vive.»

Vive sin odio. Vive sin amarguras innecesarias. Vive agradeciendo más y quejándote menos. Vive cultivando afectos, sembrando recuerdos y dejando alguna huella buena en el camino.

Porque al final de la jornada, cuando miremos hacia atrás, no contarán tanto los bienes acumulados ni los cargos ocupados, sino el amor que dimos, las manos que ayudamos a levantar y los corazones que logramos tocar.

Y esa, tal vez, sea la forma más hermosa de vivir.

Con los años comprendí que vivir no es acumular días, sino llenar los días de afectos, recuerdos y gratitud.

Domingo A. Núñez Polanco

Medicina natural y tradicional: Roig y nuestra flora medicinal cubana

 

Artículos de Salud desde lo natural

Columna de Cubadebate para dialogar sobre la medicina natural y tradicional.

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El llantén mayor es una planta que se considera proveniente de Europa y Asia, aunque en la actualidad su presencia se ha extendido a otras regiones del mundo, incluyendo el continente americano y África.  En Cuba se le considera una especie exótica naturalizada.

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El pasado 31 de mayo no solo fue el último día del mes o el Día Mundial sin Tabaco, también se conmemoró el 149 aniversario del natalicio del sabio cubano Juan Tomás Roig y Mesa. Creo que todos aquí coincidimos en que ha sido él la figura más relevante de la ciencia cubana en lo relacionado con la investigación en el campo de las plantas medicinales..

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La Bixa orellana es según Roig conocida en nuestro país como bija, achote o achiote. Este autor plantea que la planta resulta silvestre en algunos lugares de las montañas orientales, cultivada en el resto de la isla, en jardines, patios y fincas. En muchos lugares parece que se ha escapado del cultivo y se ha vuelto espontánea, principalmente en la región cafetalera de Oriente.

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La mejorana, especie cuyo nombre binomial es Origanum majorana y que pertenece a las familias de las lamiáceas, es una planta aromática y medicinal de amplio uso. Se plantea que es originaria de las tierras del Mediterráneo oriental, aunque su cultivo actualmente está muy extendido por el mundo.

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Citrus es un género de la familia de las rutáceas que incluye 28 especies y numerosos híbridos cultivados. Los frutos de estas plantas poseen un alto contenido en vitamina C y ácido cítrico, lo cual les proporciona su característico sabor ácido. Se considera que son oriundos del Asia tropical y subtropical, particularmente del suroeste de China y de la región de los Himalayas.

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Baduanjin es una de las formas más comunes de qigong. Actualmente se practica en muchos países, incluido el nuestro, a partir de sus beneficios para la salud. Puede traducirse al español de diferentes maneras. Se menciona en varias enciclopedias de la dinastía Song (960-1279 d.C.). El Dao Shi (Pivote del Camino), escrito alrededor de 1150 d.C.

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Aloysia citrodora es una especie de la familia de las verbenáceas, originaria de América del Sur. Se cultiva como planta ornamental y por sus propiedades medicinales.

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Ocimum basilicum es una hierba aromática anual de la familia de las lamiáceas, nativa de las regiones tropicales de África Central y el sudeste asiático, donde se ha cultivado por miles de años. Se le reconoce ampliamente como especie aromática para su empleo en la cocina desde diferentes culturas, pero también por sus propiedades medicinales.

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Sphagneticola trilobata (o Wedelia trilobata) es una planta que pertenece a la familia de las asteráceas. Está presente en nuestro país, pero Roig no la recoge en su obra “Plantas medicinales, aromática y venenosas de Cuba”. Se le conoce popularmente por los nombres de romero de playa o romero de costa, también como wedelia.

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Medicina Natural y Tradicional: Cañandonga y cañafístula para la constipación

La constipación o estreñimiento es sin dudas un síntoma bien molesto. Estamos en presencia de este cuando la frecuencia defecatoria de la persona es menor de tres veces a la semana. En ocasiones quien la padece puede aquejarse además de heces duras y secas, dolor durante la defecación o presentar sensación de evacuación incompleta.   »

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Cuando hace casi ya un cuarto de siglo se publicó la Estrategia de la OMS sobre medicina tradicional 2002-2005, primera de su tipo, este organismo internacional introdujo los términos de “entusiasmo no crítico” y “escepticismo no informado”. Sin dudas, tales posiciones extremas llevan a muchos a pensar que dichos tratamientos “lo curan todo” y a otros tantos que “no curan nada”.

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La Moringa oleifera es un árbol originario del sur del Himalaya, que hoy está presente en diferentes partes del mundo. Se dice que en América Latina se introdujo en 1920 y en Cuba se cultiva por todo el país. Según Roig, acá se conoce popularmente como moringa, paraíso francés, acacia, ben, palo jeringa, tilo francés o tilo americano.

Diez hábitos que pueden perjudicar la salud de nuestro cerebro.

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