Tiene por propósito poner a disposición de nuestros amigos lectores informaciones veraces y oportunas para su formación e información.
domingo, 14 de febrero de 2016
sábado, 13 de febrero de 2016
Pablo Neruda - Farewell
PABLO NERUDA: FAREWELL
Curiosamente este poema de Pablo Neruda, Farewell escrito en puño y letra del Che apareció en su cartera el día que fue herido, apresado y ordenado su asesinato por los enemigos de la libertad de los pueblos: El Pentágono.
PABLO NERUDA: FAREWELL
Curiosamente este poema de Pablo Neruda, Farewell escrito en puño y letra del Che apareció en su cartera el día que fue herido, apresado y ordenado su asesinato por los enemigos de la libertad de los pueblos: El Pentágono.
domingo, 7 de febrero de 2016
Todo por la patria.
Todo por la Patria apropósito de un Premio Nacional que le han otorgado a un enemigo de nuestra amada Quisquella, al renegado intelectual Vargas LLosa. Parece que estamos perdiendo el sentido de Patria por parte de algunos..... Ese señor mal llamado Vargas LLosa fue en principio un intelectual de corte progresista. Para la década de los 80s, la década de los años perdidos según la Cepal, El escritor y el intelectual puso su pluma al servicio de los intereses de las grandes Corporaciones y claudico de sus ideas de avanzada que supuestamente sustentaba. Hoy día Vargas LLosa es un enemigo de todos aquellos patriotas y democráticos que levantan la bandera de una democracia participativa, justicia social y la autodeterminación de los pueblos. Repudiamos y no aceptamos que dominicanos que se consideran por encima del mal y el bien estén entregando premios a personeros enemigo de la libertad de los pueblos con ello deshonran nuestra patria y nuestra memoria histórica.
EL JURAMENTO TRINITARIO
"En nombre de la Santísima y Augustísima e indivisible Trinidad de Dios Omnipotente; juro y prometo por mi honor y mi conciencia, en manos de nuestro presidente Juan Pablo Duarte, cooperar con mi persona, vida y bienes a la separación definitiva del gobierno haitiano y a implantar una República libre y soberana e independiente de toda dominación extranjera, que se denominará República Dominicana, la cual tendrá su pabellón tricolor en cuartos encarnados y azules, atravesados por una cruz blanca. Mientras tanto, seremos reconocidos los Trinitarios con las palabras sacramentales: Dios, Patria y Libertad. Así lo prometo ante Dios y el mundo. Si lo hago, Dios me proteja y de no, me lo tome en cuenta y mis consocios me castiguen el perjurio y la traición, si los vendo"
Domingo Antonio Nuñez Polanco ha compartido el vídeo dePara la Patria.
Juan Pablo Duarte,padre fundador de la Republica
Domingo Antonio Nuñez Polanco26 de enero a las 22:52 ·

Juan Pablo Duarte,padre fundador de la Republica
Juan Pablo Duarte (Santo Domingo, 26 de enero de 1813 – Caracas, 15 de julio de 1876). Era apenas un niño cuando, en 1821, José Núñez de Cáceres declaró la independencia de la entonces provincia ultramarina española de Santo Domingo y su incorporación a la Gran Colombia, suceso que culminó con la ocupación militar del país por los ejércitos haitianos de Jean Pierre Boyer y en la integración del territorio dominicano al de Haití en 1822.
En 1828 sale al exterior a aprender idiomas, contabilidad y otras materias con las que pudiera contribuir al desarrollo del negocio de su padre. Su paso por los Estados Unidos, Inglaterra, Francia y España lo aprovechó para conocer los sistemas políticos de esas naciones y para idear el método revolucionario que culminaría en la creación de la República Dominicana.
En 1833 regresó a Santo Domingo para trabajar en el negocio de la familia. Realizó una intensa vida social que le ligó a importantes sectores de la pequeña burguesía urbana. Se hace masón y es testigo de matrimonios, apadrina bautizos y asiste a reuniones de carácter cultural. Esa vivencia de la sociedad es la que le permite percibir que existe un sentimiento patriótico que rechaza la presencia de los haitianos en el país. El mérito de Duarte, como patriota y como político organizador, estriba, fundamentalmente, en que supo interpretar el momento histórico que vivía la sociedad dominicana de aquel entonces, renuente en sus capas más decisivas a aceptar la dominación haitiana.
Tras una discreta labor de proselitismo fundó, el 16 de julio de 1838, la sociedad secreta La Trinitaria, junto a Juan Isidro Pérez, Pedro Alejandro Pina, Jacinto de la Concha, Félix María Ruiz, José María Serra, Benito González, Felipe Alfau y Juan Nepomuceno Ravelo. Los trinitarios hacían su trabajo político a partir de una estructura celular clandestina. Los iniciados hacían el juramento de luchar por la independencia de la República Dominicana bajo el lema “Dios, Patria y Libertad”. Para sus actividades públicas constituyeron otras dos entidades: La Sociedad Filantrópica y La Sociedad Dramática, destinadas a realizar una importante labor de propaganda mediante la representación de piezas teatrales.
Duarte y algunos de sus compañeros también ingresaron en las compañías dominicanas del ejército haitiano para adquirir conocimientos militares. Para ese momento, el régimen de Boyer se había transformado de un gobierno liberal y progresista a una dictadura con graves problemas económicos y con resistencia interna en su territorio original. Así, se une al movimiento revolucionario haitiano denominado La Reforma, que derrocó a Boyer en febrero de 1843, colocando a Charles Herard en la presidencia de Haití. Duarte encabezó dicho movimiento en la ciudad de Santo Domingo, desempeñando un papel decisivo que lo convierte en el líder político principal de los dominicanos. Pero delatadas las actividades independentistas de los trinitarios, el nuevo presidente Herard encabeza una ocupación militar de las provincias dominicanas con el objetivo de desarticular al liderazgo separatista.
Matías Ramón Mella y los hermanos Ramón y Pedro Santana son apresados y conducidos para Haití, mientras que Francisco del Rosario Sánchez se esconde y hace propalar la especie de su fallecimiento. Es en esta circunstancia que Duarte tiene que abandonar el país de manera clandestina hacia Curazao, donde le sorprende la noticia de la muerte de su padre el 25 de Noviembre del 1843. Entonces, en una emotiva carta, Duarte le indica a su madre vender el negocio familiar para financiar la revolución independentista. En su ausencia, Sánchez realiza una alianza con el sector separatista conservador encabezado por Tomás Bobadilla y Buenaventura Báez, surgiendo el Manifiesto del 16 de enero de 1844, que culminó con la declaración de la independencia el 27 de febrero de ese mismo año.
Duarte regresó a Santo Domingo el 15 de marzo de 1844 cargado de las armas que había comprado en Curazao con el dinero de su propia familia, siendo recibido como “Padre de la Patria” y designándosele General del Ejército y Vocal de la Junta Central que gobernaba la naciente República. Duarte tenía un definido concepto de la nación dominicana y de sus integrantes. En esa época redactó un proyecto de Constitución que dice con claridad que la bandera dominicana puede cobijar a todas las razas, sin excluir ni dar predominio a ninguna. Su concepción de la República era la de un patriota republicano, anticolonialista, liberal y progresista. Enviado a combatir al ejército haitiano, entra en contradicciones con Pedro Santana, quien era jefe del ejército del Sur y uno de los principales caudillos del sector conservador, de tendencias colonialistas y anexionistas.
Como dicho sector se había adueñado del poder y tenía mayoría en la Junta Central Gubernativa para imponer la conversión del país en un protectorado francés, Duarte encabezó, junto a Sánchez, un golpe de Estado que destituyó a Bobadilla y sustituyó los miembros conservadores de la Junta por otros liberales que como él eran opuestos a toda anexión o protectorado. Esta nueva Junta Central Gubernativa, encabezada por Sánchez, envió a Duarte y a Mella a la región Norte a obtener el apoyo de los pueblos cibaeños. El ejército del Norte proclamó a Duarte como Presidente de la República, pero Santana protestó contra esto y apoyándose en el ejército del Sur que comandaba, entró a la ciudad de Santo Domingo y disolvió la Junta de Sánchez, creando otra presidida por su persona e integrada en su totalidad por personas afines a su sector político social. Sintiéndose dueño de la situación, Santana dispuso el apresamiento de Duarte, quien se dejó apresar rehusando apelar al ejército del Norte para evitar una guerra civil que pudiera ser aprovechada por el enemigo haitiano.
Santana declaró a Duarte, a Sánchez, a Mella y a otros líderes trinitarios como “traidores a la Patria” y los desterró “a perpetuidad” del territorio de la República Dominicana. Tras una breve estancia en Hamburgo, se trasladó a Venezuela, donde su familia completa, sumida en la miseria, había sido desterrada por Santana. En Caracas le sorprende la noticia del fusilamiento de la líder interna de los trinitarios, María Trinidad Sánchez, el 27 de febrero de 1845.
Asumiéndose culpable de esta muerte, y rechazando la idea de alentar una guerra civil, Duarte desaparece de la vida pública, internándose en la selva venezolana, radicándose en la ciudad de Angostura (hoy Ciudad Bolívar), donde pierde todo contacto con amigos y familiares durante más de quince años.
Cuando Santana declara disuelta a la República Dominicana y proclama la anexión a España en 1861, Duarte reaparece en Caracas para organizar junto a su hermano Vicente Celestino Duarte una pequeña expedición que desembarca en Montecristi (1864) para ponerse a las órdenes del gobierno restaurador en armas de Santiago de los Caballeros. Este gobierno decidió nombrarlo su representante en el exterior con la misión de obtener apoyo de Venezuela y las demás naciones americanas en la lucha militar contra España.
Duarte sale de nuevo a Caracas en 1864, dedicándose a su misión hasta que lo relevan de la misma. Lograda la Restauración de la República (1865), Duarte se quedó con su familia en dicha ciudad, subsistiendo de una fábrica de velas hasta su fallecimiento el 15 de julio de 1876. Sus restos fueron trasladados a suelo dominicano en 1884, por el gobierno de Ulises Heureaux (Lilís), que lo había declarado Padre de la Patria junto a Francisco del Rosario Sánchez y a Matías Ramón Mella.
En 1828 sale al exterior a aprender idiomas, contabilidad y otras materias con las que pudiera contribuir al desarrollo del negocio de su padre. Su paso por los Estados Unidos, Inglaterra, Francia y España lo aprovechó para conocer los sistemas políticos de esas naciones y para idear el método revolucionario que culminaría en la creación de la República Dominicana.
En 1833 regresó a Santo Domingo para trabajar en el negocio de la familia. Realizó una intensa vida social que le ligó a importantes sectores de la pequeña burguesía urbana. Se hace masón y es testigo de matrimonios, apadrina bautizos y asiste a reuniones de carácter cultural. Esa vivencia de la sociedad es la que le permite percibir que existe un sentimiento patriótico que rechaza la presencia de los haitianos en el país. El mérito de Duarte, como patriota y como político organizador, estriba, fundamentalmente, en que supo interpretar el momento histórico que vivía la sociedad dominicana de aquel entonces, renuente en sus capas más decisivas a aceptar la dominación haitiana.
Tras una discreta labor de proselitismo fundó, el 16 de julio de 1838, la sociedad secreta La Trinitaria, junto a Juan Isidro Pérez, Pedro Alejandro Pina, Jacinto de la Concha, Félix María Ruiz, José María Serra, Benito González, Felipe Alfau y Juan Nepomuceno Ravelo. Los trinitarios hacían su trabajo político a partir de una estructura celular clandestina. Los iniciados hacían el juramento de luchar por la independencia de la República Dominicana bajo el lema “Dios, Patria y Libertad”. Para sus actividades públicas constituyeron otras dos entidades: La Sociedad Filantrópica y La Sociedad Dramática, destinadas a realizar una importante labor de propaganda mediante la representación de piezas teatrales.
Duarte y algunos de sus compañeros también ingresaron en las compañías dominicanas del ejército haitiano para adquirir conocimientos militares. Para ese momento, el régimen de Boyer se había transformado de un gobierno liberal y progresista a una dictadura con graves problemas económicos y con resistencia interna en su territorio original. Así, se une al movimiento revolucionario haitiano denominado La Reforma, que derrocó a Boyer en febrero de 1843, colocando a Charles Herard en la presidencia de Haití. Duarte encabezó dicho movimiento en la ciudad de Santo Domingo, desempeñando un papel decisivo que lo convierte en el líder político principal de los dominicanos. Pero delatadas las actividades independentistas de los trinitarios, el nuevo presidente Herard encabeza una ocupación militar de las provincias dominicanas con el objetivo de desarticular al liderazgo separatista.
Matías Ramón Mella y los hermanos Ramón y Pedro Santana son apresados y conducidos para Haití, mientras que Francisco del Rosario Sánchez se esconde y hace propalar la especie de su fallecimiento. Es en esta circunstancia que Duarte tiene que abandonar el país de manera clandestina hacia Curazao, donde le sorprende la noticia de la muerte de su padre el 25 de Noviembre del 1843. Entonces, en una emotiva carta, Duarte le indica a su madre vender el negocio familiar para financiar la revolución independentista. En su ausencia, Sánchez realiza una alianza con el sector separatista conservador encabezado por Tomás Bobadilla y Buenaventura Báez, surgiendo el Manifiesto del 16 de enero de 1844, que culminó con la declaración de la independencia el 27 de febrero de ese mismo año.
Duarte regresó a Santo Domingo el 15 de marzo de 1844 cargado de las armas que había comprado en Curazao con el dinero de su propia familia, siendo recibido como “Padre de la Patria” y designándosele General del Ejército y Vocal de la Junta Central que gobernaba la naciente República. Duarte tenía un definido concepto de la nación dominicana y de sus integrantes. En esa época redactó un proyecto de Constitución que dice con claridad que la bandera dominicana puede cobijar a todas las razas, sin excluir ni dar predominio a ninguna. Su concepción de la República era la de un patriota republicano, anticolonialista, liberal y progresista. Enviado a combatir al ejército haitiano, entra en contradicciones con Pedro Santana, quien era jefe del ejército del Sur y uno de los principales caudillos del sector conservador, de tendencias colonialistas y anexionistas.
Como dicho sector se había adueñado del poder y tenía mayoría en la Junta Central Gubernativa para imponer la conversión del país en un protectorado francés, Duarte encabezó, junto a Sánchez, un golpe de Estado que destituyó a Bobadilla y sustituyó los miembros conservadores de la Junta por otros liberales que como él eran opuestos a toda anexión o protectorado. Esta nueva Junta Central Gubernativa, encabezada por Sánchez, envió a Duarte y a Mella a la región Norte a obtener el apoyo de los pueblos cibaeños. El ejército del Norte proclamó a Duarte como Presidente de la República, pero Santana protestó contra esto y apoyándose en el ejército del Sur que comandaba, entró a la ciudad de Santo Domingo y disolvió la Junta de Sánchez, creando otra presidida por su persona e integrada en su totalidad por personas afines a su sector político social. Sintiéndose dueño de la situación, Santana dispuso el apresamiento de Duarte, quien se dejó apresar rehusando apelar al ejército del Norte para evitar una guerra civil que pudiera ser aprovechada por el enemigo haitiano.
Santana declaró a Duarte, a Sánchez, a Mella y a otros líderes trinitarios como “traidores a la Patria” y los desterró “a perpetuidad” del territorio de la República Dominicana. Tras una breve estancia en Hamburgo, se trasladó a Venezuela, donde su familia completa, sumida en la miseria, había sido desterrada por Santana. En Caracas le sorprende la noticia del fusilamiento de la líder interna de los trinitarios, María Trinidad Sánchez, el 27 de febrero de 1845.
Asumiéndose culpable de esta muerte, y rechazando la idea de alentar una guerra civil, Duarte desaparece de la vida pública, internándose en la selva venezolana, radicándose en la ciudad de Angostura (hoy Ciudad Bolívar), donde pierde todo contacto con amigos y familiares durante más de quince años.
Cuando Santana declara disuelta a la República Dominicana y proclama la anexión a España en 1861, Duarte reaparece en Caracas para organizar junto a su hermano Vicente Celestino Duarte una pequeña expedición que desembarca en Montecristi (1864) para ponerse a las órdenes del gobierno restaurador en armas de Santiago de los Caballeros. Este gobierno decidió nombrarlo su representante en el exterior con la misión de obtener apoyo de Venezuela y las demás naciones americanas en la lucha militar contra España.
Duarte sale de nuevo a Caracas en 1864, dedicándose a su misión hasta que lo relevan de la misma. Lograda la Restauración de la República (1865), Duarte se quedó con su familia en dicha ciudad, subsistiendo de una fábrica de velas hasta su fallecimiento el 15 de julio de 1876. Sus restos fueron trasladados a suelo dominicano en 1884, por el gobierno de Ulises Heureaux (Lilís), que lo había declarado Padre de la Patria junto a Francisco del Rosario Sánchez y a Matías Ramón Mella.
Tecnología:La vigilancia no deja lugar en el mundo donde esconderse
De las Torres Gemelas a París, el mundo aprendió que la vigilancia masiva no evita nuevos atentados. Pero ahora enfrenta un nuevo dilema: cómo atrapar a criminales y mantener, a la vez, los derechos digitales.
Tras los atentados de París, el debate sobre los derechos de privacidad en internet se reabrió.
Por Natalia Zuazo
"El monitoreo total es inevitable. Esconderlo, mentir sobre él, no lo es". Esta frase, que podría pertenecer a un militante de la desobediencia civil, en realidad, es de Kevin Kelly, uno de los cerebros que crearon la revista Wired en 1993. Kelly, hoy escritor y pensador de las tecnologías, no es ningún outsider del sistema; es -al contrario- el más moderno de todos. Y justamente por eso plantea que si hoy queremos convivir en una sociedad monitoreada tecnológicamente desde que abrimos hasta que cerramos los ojos (y aun cuando estamos soñando), no tenemos otra opción que aprender a esconder nuestras acciones. Su idea es sencilla: vivimos en un sistema de comonitoreo, donde nuestras vidas son seguidas por empresas privadas (redes sociales, cada sitio que visitamos) y gobiernos, y nosotros a su vez nos metemos en lo que hacen los otros. ¿Cómo conservar entonces, en ese mundo, alguna libertad o privacidad? Como buen optimista tecnológico, Kelly piensa que la solución está en la tecnología: usar herramientas para esconder nuestras acciones. Pero no lo piensa solo él, también lo dicen los más militantes, como Julian Assange o Edward Snowden: en el mundo del control, no queda otra que encargarnos personalmente de esconder algunas acciones. Y, para ello, la gran arma con la que contamos es la encriptación de nuestras comunicaciones.
EL CÓDIGO ENIGMA
Encriptar es el verbo de moda en los derechos digitales. Pero su ciencia y su arte, la criptografía, es sin embargo una tecnología muy antigua (su nombre, desde Grecia, significa "escritura oculta"). Se usó en las guerras para evitar que el enemigo descifrara los mensajes, y se usa, desde siempre, en las computadoras. La misión, también en los algoritmos y las operaciones electrónicas, es la misma: que los mensajes se mantengan privados y solo puedan entenderlos quienes estén autorizados para leerlos, accedan al código o a una clave. Y como todo en internet son mensajes (compuestos por unos y ceros), también todo puede cifrarse. La base de la seguridad en la Red es esa y la de la privacidad también. Las compras online funcionan gracias a esos sistemas de cifrado, los mails, las transacciones bancarias, los cajeros, los mails y los mensajes.
Pero si la encriptación existe desde hace tanto tiempo, ¿por qué, entonces, estamos volviendo a prestarle atención? La razón es sencilla y a la vez compleja (y muy importante). Con todos nuestros datos en manos de una serie de grandes compañías a las que confiamos nuestros mails e información personal de todo tipo, quienes hoy tienen la capacidad de cifrar y descifrar comunicaciones tienen un enorme poder. Lo dice Snowden cada vez que puede:aprendan a cifrar sus mails para que otros no puedan leerlos y protejan sus conversaciones, no solo si son activistas políticos o periodistas, háganlo porque es un derecho humano mantenerse privado.
¿Por qué Snowden insiste tanto con el tema? Porque tuvo entre sus manos (y mostró al mundo) la comprobación de un dato fundamental: esas compañías que dicen utilizar nuestros datos sin compartirlos con otros (especialmente gobiernos), en realidad, tienen el poder de colaborar con ellos, y a veces lo hacen. En los documentos que reveló al mundo, el analista informático mostró que empresas como Microsoft, Yahoo!, Facebook, AOL, Skype, YouTube y Apple habían facilitado sus bases de datos de usuarios a la Agencia Nacional de Seguridad (NSA), que los solicitaba bajo el Acta Patriótica para encontrar terroristas y evitar un segundo atentado después de las Torres Gemelas. El problema fue que Estados Unidos comenzó a recopilar no solo datos de terroristas sino a espiar a todos, incluso a políticos y a ciudadano de otros países. Por eso, la recomendación de Snowden y otros activistas digitales es bien clara: cifremos todos nuestros mensajes, no confiemos en que otros lo hagan porque a veces conspiran contra nosotros.
Con las revelaciones de Snowden, las empresas de tecnología crearon aplicaciones de mensajes encriptados.
POLICÍAS Y LADRONES
La tecnología puso más claro que nunca lo que ya sabíamos: los gobiernos monitorean a sus ciudadanos, y a cada persona que pisa su suelo. A veces, lo hacen cometiendo excesos, violando los derechos de las personas. Sin embargo, existe también otro espionaje, que es necesario: aquel que tiene el fin de detectar atentados, ayudar a la seguridad, prevenir y resolver crímenes. Para este objetivo, la tecnología también puede ayudar: las fuerzas de seguridad, agencias de inteligencia y fiscales hoy trabajan con herramientas que les permiten detectar a todo tipo de criminales por las huellas a través de la tecnología. A través de procesos judiciales, en cada lugar del mundo, jueces y fiscales solicitan a cada momento información de sus usuarios a las empresas tecnológicas, que están obligadas a entregarla a la Justicia. Aunque esto no siempre sucede fácilmente. Primero, porque implica una cooperación entre agencias públicas y del Estado. Y segundo, porque quienes cometen crímenes, desde los delitos online más comunes (sustraer una contraseña y robar a un usuario) hasta atentados terroristas con cientos de muertos, también pueden ocultar su identidad a través de la tecnología.
Cuando el 13 de noviembre París ardió en una seguidilla de atentados que dejaron 137 muertos y más de 400 heridos, el debate volvió a abrirse: ¿Hasta dónde podemos interceptar las comunicaciones electrónicas para atrapar a los terroristas? ¿Hasta dónde habían sido aplicaciones de chat como Telegram, creada para proteger la privacidad, refugio de los criminales para proteger sus comunicaciones? ¿Hasta dónde se podían intervenir los datos de cualquier ciudadano para encontrar a los conspiradores de la masacre? El primer ministro británico, David Cameron, fue el que más lejos llegó: "Hay que erradicar por completo el cifrado en la mensajería", dijo. El director de la CIA, John Brennan, expresó su preocupación de que existen las herramientas técnicas para investigar, pero otros instrumentos tecnológicos, como el cifrado, impiden obtener la información. Los más extremos, como el exdirector de la CIA Marcos Morell, apuntaron directamente a Snowden y lo acusaron de facilitar el crecimiento de ISIS: según él, la comunidad de inteligencia sufrió un boicot desde que, a partir de las revelaciones del informático, las compañías de tecnología crearon aplicaciones de comunicación encriptadas ante las preocupaciones de sus usuarios.
LO SEGURO Y LO PRIVADO
Ya conocemos la historia: ante el terrorismo, las inteligencias estatales reclaman que tienen las manos atadas por leyes que no les permiten investigar con libertad. Pero sucede que ahora el mundo no solo tiene la experiencia de no haber prevenido atentados posteriores al del 11 de septiembre, sino que las revelaciones de Snowden no fueron en vano. Hoy, las grandes empresas de tecnología también deben proteger sus negocios ante sus usuarios que, advertidos de que sus datos pueden ser espiados, también les reclaman seguridad. Podemos llamarlo "el marketing de la seguridad", pero ese efecto tuvo un impacto positivo después de los atentados de París, porque las empresas más importantes de Silicon Valley, con Apple, Google y Microsoft a la cabeza, afirmaron en un comunicado conjunto: "Reducir la seguridad (de la tecnología) con el fin de mejorar la seguridad (ciudadana) simplemente no tiene sentido". En otras palabras, a lo que se negó el gran poder de California fue a abrir "puertas traseras" o backdoors, es decir, a dejar a los servicios una grieta en sus códigos para ver la información de sus usuarios. Unos días antes, el propio The New York Times, en su editorial, también se había pronunciado: "La vigilancia masiva no es la respuesta al terrorismo".
Del 11 de septiembre a París, el mundo aprendió algo: espiar a todos todo el tiempo no evita los crímenes. Sin embargo, todavía no tenemos una solución para los delitos que sí pueden ser evitados. "Tenemos la obligación de investigar y nos encontramos con obstáculos como las comunicaciones encriptadas", dijo en una conferencia reciente el fiscal especializado en cibercrimen Horacio Azzolin."Defiendo y uso la encriptación, me he dedicado a la investigación de crímenes de lesa humanidad, soy defensor de los derechos humanos y la privacidad, pero también me encuentro con los límites a la investigación penal". Así de claro y complejo de resolver es el debate que nos espera, producto de la tecnología y su impacto en dos derechos tan importantes como difíciles de conciliar: la seguridad y la privacidad.
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