viernes, 22 de diciembre de 2017

LUCIA AMELIA CABRAL: CORAZÓN MAROMERO Y TRAVIESO VERBO

Para enfocar la imaginativa cuentística de Lucia Amelia Cabral, hace falta tener un corazón maromero con sentimientos multicolores.


Digo tales cosas porque la interacción de sus humanos personajes con animales y objetos es tratada parecidamente. La imaginación da vida a la materia inanimada.

Una escobita, una piedra azul, un pan de agua, una ballena, una silla de guano, una sirena montuna… variados y distintos son igualmente, personajes salidos de sus cuentos.  La gracia de la autora reside en la espontaneidad con que maneja cualquier fenómeno. Como si lo contara usando la ternura firme de una aromática canela.

Cuenta cosas como una convencida de su creencia y con tal envoltura atrae al lector prisionero inmediato de su contar. Es una naturalidad cargada de metáforas y poesías en sus mejores oraciones.  

Para apreciar los valores artísticos de su producción leímos tres cuentos magníficos: Gabino, el caballo trotador que entre aventuras llego al asombro del mar, Carolina y La Sirena del Monte.

El mar es un espectáculo recurrente entre los descubrimientos y amores de varios otros personajes de Lucia Amelia Cabral; La Sirena del Monte, y el Juan en Carolina también son hechizados por la inmensidad de agua salada.

Deduzco yo que la fascinación del horizonte de marinos colores, la ondulación espumante del oleaje, son fuertes atractivos para lo propia escritora como si no escapara de su nación isleña bastando tres costados para soñar con sal, caracoles y arena.

En la adaptación del cuento Carolina, original de Ignacio Colom, Lucía Amelia Cabral  describe a Juan el pescador diciendo que…
          
“Goza su oficio rodeado de mar. Día tras día, sus ojos navegaban el agua salada y profunda para en cada mirada regalarle al mar su alma amiga”.

La Sirena del Monte es un cuento  original de Lucia Amelia.  Es un relato exquisito y perfecto en su forma. No sobra una palabra porque todas se atan como engarces de una prosa sugerentemente poética.
          
“Feliz él, se acercó amistoso y con su música de olas rompió la espera. Arremolinando a los pies distintos de ella, tantas respuestas de espuma blanca”.

Un cuento que posee el misterio de la acción junto al misterio del lenguaje. Vemos como nos da pautas: “a los pies distintos de ella”,  sin revelar el final. Intriga, obliga a esperar cuatro oraciones más antes de develar la presencia de una ciguapa que ya no será más sirena del monte. Bellísimo cierre del cuento.

Un curioso artificio creativo “El Bellaco Juan” es todo un personaje, no es marinero ni un mito, es un tostado pan de agua. 

De sus últimos cuentos citamos:

A.    Monte él, a ella pertenecía (La Sirena del Monte)

B.     …Y su larga melena que la vestía (La Sirena del Monte)

C.     En eso un celaje azul plomo le puso maromero el corazón, sentir muy fuerte la magia del amor (Coralina).

D.    Ella que su sed calmaba.

E.     Únicamente si sabes de ti mismo apreciar, podrás el aprecio de los demás, recibir. (El Bellaco de Juan).

F.     Eran unas muñequitas encantadoras, el encanto de su encanto algo de mágico tenía (Leandra y Andrea).

El estilo en el quehacer literario, es tal vez la cualidad estética más importante del oficio. Cualquier relato vulgar (en su buen sentido), puede tornarse en escritura artística con la aplicación de un lenguaje cargado de originalidad  y buen gusto.

La repetición puede caer en el vicio de la cacofonía. Sin embargo, Lucia Amelia hace buen uso de ella, utilizando con gracia la anáfora, esa repetición de una o varias palabras al comienzo de una serie de oraciones, buscando un ritmo algo clásico. Ejemplo: De La Lección de la Silla de Guano al Presumido Burrito:

A.    “No eres  menos. No soy más. Ni más ni menos, igual necesitamos cuatro patas para estar en pie. Ambos igual nos visten de guano. Ambos igual. Igual se acomodan en nosotros”.

B.     “Trota, trota, trotador que cabalgando caminos conocerás lo mejor. (Gabino, el andarín potrico).

Otro recurso que enriquece la prosa de Lucia Amelia es su fantasía al mezclar lo concreto con lo abstracto en muchos momentos de su escritura y pongo los ejemplos a la mano:

a.     “¡Como confundir sus diez y ocho metros de verdad y desvelos!

(De Coralina, refiriéndose a la ballena madre).

C.     Al  compás del convite de las aves de la foresta que sembraban de trinos y vuelos cada espacio de su mundo  magnifico.

D.    “Entonces lo oyó. Entonces lo olió.  Entonces con aire entrecortado. Comprendió que había llegado. Él clavó sus ojos sorprendidos. Ante él detuvo sus prisas y temores”.      

(Es la impersonificación de la ciguapa frente al asombro del mar).

Su producción está avalada por una creatividad nata y el mensaje del lenguaje con gracia personalidad. La obra de Lucia Amelia no es muy extensa pues su dedicación al trabajo de impresión y diseño, colman diariamente su tiempo laborable disponible. Trabajo, que dicho sea de paso, solo ella con su singularidad agrega a cada encargo gracia y distinción, asegurándose que no habrá en el mercado de impresos nada que lo iguale. A nuestro pesar, la literatura infantil y juvenil, la literatura en general, pierde esa creatividad que nos roba la editora.

Para resumir las cualidades de Lucia Amelia Cabral bastaría oírla leer un texto con las modulaciones de su voz articulada, con melodiosidad y encanto porque en esas cualidades residen al unísono la calidad de su escritura. En ambas actividades sobresale la femineidad evidente y auténtica volcada hacia la juventud y la niñez.

Una cosa retrata la otra para que ambas se fundan en la Lucía Amelia que apreciamos y admiramos en esta ocasión.

Aida Bonnelly de Díaz

La Romana

Sábado 26 de octubre de 1996.

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