viernes, 18 de septiembre de 2015

Un retrato significativo de Antonio Maceo Grajales

Otra distinción del documento es que a través de él podemos conocer —de su puño y letra— los nombres, algunas de las firmas y cargos de los patriotas que participaron en la Asamblea Constituyente de JimaguayúFoto: Desconocido
Antonio Maceo Grajales, síntesis sublimada del ideario mambí en el pueblo cubano, se convirtió en centro de admiración personal y artística de varios pintores. Uno de ellos fue Armando García Menocal, (La Habana, 1863–1942), quien conoció al patricio durante la guerra de 1895, a la que el pintor se alistó como soldado el 5 de junio de 1895 en el Departamento Occidental - 5to Cuerpo, del Cuartel General del Cuerpo.[1]
Las particularidades de su reclutamiento lo condujeron a varias regiones militares del país, en las que interactuó con altos dirigentes de la revolución, entre ellos Cisneros Betancourt, Adolfo del Castillo y Máximo Gómez, quienes le propiciaron conocer a otros jefes importantes de la lucha mambisa.
El 18 de septiembre de 1895, en Jimaguayú, los asambleistas emitieron un documento en el cual: En nombre de la República de Cuba por delegación del pueblo cubano en armas La Asamblea Constituyente acordó en esta fecha por aclamación, reconocer en el Ciudadano Mayor General Antonio Maceo la graduación militar que le otorgó en su primera época de revolución la República y conferirle el nombramiento de Lugar - teniente General del Ejército Libertador de Cuba.
Dicho documento por orden de Gómez, fue llevado por una comitiva hasta el campamento de Hato del Medio donde se encontraba el Titán de Bronce y Menocal fue el comisionado que le entregó a Maceo el pergamino. La presencia de uno no pasó desapercibida para el otro, el pintor y el Titán se congratularon, los detalles del mítico encuentro se narran en este escrito, elaborado por la investigadora Loló de la Torriente, a partir de un testimonio que le ofreció el propio artista:
Al entregarle el papel [Maceo] lo miró y bien pronto reconoció al pintor que le dijo señalando una esquina del papel:
—General, ¿qué quiere usted que haga aquí: el escudo de Cuba o su retrato?. Maceo aunque era hombre sencillo, modesto y afable miró al ayudante del general Gómez y habló en voz muy baja:
—¡Mi retrato!
Lo dijo con humildad, como temeroso de que lo oyeran los otros.
Armando Menocal se puso nervioso. No podía echar a perder aquel papel que contenía importantísimo documento, pero tampoco podía decir que no a Antonio Maceo. Lo miró dos, tres veces… Empezó… Pero en cuanto le encajó los ojos se sintió seguro, dueño de la magnífica cabeza. Maceo, satisfecho de la obra le obsequio un caballo.[2]
El retrato de Maceo realizado en esta ocasión por Menocal, consistió en un pequeñísimo dibujo a la pluma, que revela desde el soporte hasta la técnica utilizada, lo fortuito de la circunstancia en que fue ejecutado; sin embargo, dicha circunstancia no afectó el contenido, pues a pesar de la sencillez el dibujo logra transmitir con claridad los rasgos de la fisonomía del general.
El realismo obtenido de su modelo vivo y de la condición de Menocal como pintor de la figura humana —género en el que llegó a ser todo un maestro—, convierten al sui generis retrato, hasta cierto punto improvisado, en un referente por excelencia del rostro de Maceo, válido para conocer y comparar esta imagen con otras del general, debido a que el físico, el pelo, el color de la piel, el carácter, el pensamiento y la cultura de Antonio Maceo han sido siempre de los aspectos más debatidos en su biografía.
Por estas cuestiones Maceo continuamente fue objeto de descripción fíonessica y sicológica por cuantos lo conocieron,pues su fisonomía y proyección sociocultural no se consideraban propios de su condición racial y social, debido a que la generalidad de las estandarizaciones que se divulgaban del héroe negro cubano —tanto en Cuba como en el extranjero— eran distorsionadas. Entre los motivos cuentan que no provenían de los independentistas, cuyas visiones se popularizaron años después, aunque siempre junto a las de ellos persistieron las de los colonizadores.
Conjuntamente a la exquisitez realista y el valor testimonial, dicho retrato inaugura la iconografía pictórica de Maceo. Esta es también la única imagen que representa a Maceo en el curso de una guerra, realizada por un artista que además combatía en las filas de los mambises, pues las imágenes pictóricas de Maceo que se socializaban eran composiciones ajustadas a la ilustración periodística, elaboradas a partir de fotografías tomadas a Maceo durante el periodo de su exilio político, pues en Cuba, anterior a esta etapa, aún no se ha documentado ninguna instantánea.
Fue una suerte que este retrato tuviera como soporte tan valioso documento, así lafeliz coincidencia de arte e historia patria ha contribuido a su preservación, ya que es el único original de los retratos de Maceo pintados por Menocal que se conserva, ya que lo habitual era que él hiciera sus dibujos sobre cualquier trozo suelto de papel y con cualquier lápiz,[3]de acuerdo con las condiciones impuestas por la guerra.
Otra distinción del documento es que a través de él podemos conocer —de su puño y letra— los nombres, algunas de las firmas y cargos de los patriotas que participaron en la Asamblea Constituyente de Jimaguayú. No hay dudas de que el pergamino está lleno de excepcionalidades, razones por las cuales se custodia con orgullo en el Archivo Histórico del Museo Provincial Emilio Bacardí Moreau, en Santiago de Cuba.
*Máster en Ciencias e Investigadora del Centro de Estudios Antonio Maceo Grajales
[1] Carlos Roloff y Mialofsky. Índice Alfabético y Defunciones del Ejército Libertador de Cuba.Guerra de Independencia iniciada el 24 de febrero de 1895 y terminada oficialmente el 24 de Agosto de 1898. La Habana. Imprenta de Rambla y Bouza, 1901, p. 591.
[2] Loló de la Torriente. Estudio de las Artes Plásticas en Cuba. La Habana, s.e., 1954, p. 101.
[3] Ibidem.

La élite gobernante de EEUU le han hecho mucha bellaquería a Fidel

Fidel desciende la escalerilla del avión en aerpuerto internacional Idlewild, en Nueva York. Foto: Korda, Alberto
CON HOTEL O SIN HOTEL, TENDRÁN QUE OÍR A FIDEL
El domingo 18 de septiembre de 1960, Fi­del Castro Ruz inició un memorable viaje a Estados Unidos al frente de la delegación cu­bana que participaría en el XV Periodo de Se­siones de la Asamblea General de la Orga­ni­zación de Naciones Unidas.

BIENVENIDO, FIDEL
Poco después de las 11:00 a.m., junto a varios miembros de su delegación, Fidel partió rum­bo a Nueva York, en un Britannia de la Com­pañía Cubana de Aviación. A las 4:34 de la tarde, la nave cubana tocó tierra en el aero­puerto internacional de Idlewild.

Había bastado el anunció de que Fidel asistiría a la Asamblea General de las Naciones Unidas, para que el gobierno de Eisenhower adoptara un conjunto de medidas para aislarlo y limitar su contacto directo con el pueblo norteamericano.
Entre esas disposiciones se encontraba su confinamiento a los límites de la isla de Manhattan, una férrea custodia policial y la prohibición de la asistencia de público a las sesiones de la Asamblea.
Sin embargo, las regulaciones no pudieron impedir que en el último piso del Empire State, flotara una gigantesca tela, colocada por algún amante de la Revolución Cubana, que decía: “Bienvenido, Fidel”.
Más de 500 policías, un número indeterminado de agentes secretos del Departamento de Estado y de agentes de la policía local, esperaban a Fidel en el aeropuerto. Aunque en realidad la escolta no era necesaria, pues millares de simpatizantes y miembros del Comité Pro Trato Justo para Cuba aguardaban por Fidel y, en caravana de automóviles, lo siguieron hasta el hotel. Ellos eran los verdaderos guardianes del máximo líder de la Revolución Cubana.
Muy cerca de las cinco de la tarde, Fidel arribó al hotel Shelburne situado en las calles 37 y avenida Lexington. Los alrededores del hotel habían sido tomados desde la mañana por fuertes contingentes de la policía metropolitana, quienes mantuvieron a raya a los miles de simpatizantes de la Revolución Cubana que esperaban la llegada de Fidel para darle la bienvenida.
Varios incidentes desagradables sucedieron causados por la brusca actuación de la policía. Estos hechos se agudizaron cuando las autoridades norteamericanas le notificaron a la tripulación de la nave que condujo a Fidel, que si no salían “de la pista del aeropuerto antes de las 12 de la noche de ese día, el avión será incautado”.
Ante tantas agresiones, el notable periodista y escritor norteamericano Carleton Beals dirigió un telegrama a Fidel que decía: “Bienve­nido. Estoy avergonzado de la falta de cortesía de mi pueblo, tan generoso en oro para los lacayos, pero tan pobre en generosidad del alma”.1 Asimismo, Beals elevó una enérgica protesta al Departamento de Estado “por el trato increí­ble dado al Primer Ministro de Cuba, doctor Fidel Castro, en su visita a la ciudad de Nueva York para asistir a la Asamblea General de las Naciones Unidas”.

SI ES NECESARIO ACAMPAREMOS EN LOS JARDINES DE LAS NACIONES UNIDAS
El lunes 19 de septiembre sucedió un he­cho inaudito: la gerencia del Shelburne le no­tificó a la delegación cubana que debía abandonar el inmueble, al tiempo que se ne­gó a devolver los 5 000 dólares que la delegación había depositado como garantía de pago. No era un hecho aislado. Los dueños de los más céntricos hoteles neoyorkinos también se negaron a hospedar a la delegación cubana. El único que ofreció sus servicios exigió condiciones humillantes.

Ante tales circunstancias, el Primer Mi­nistro cubano se entrevistó con el danés Dag Ham­marskjöld, entonces secretario general de la ONU. Tras expresar su consternación ante el hecho acontecido y las dificultades para hallar alojamiento en los hoteles de Nueva York, Fidel le comunicó que si era necesario, él y los miembros de su comitiva oficial acamparían en los jardines de la ONU.
En el curso de la entrevista, Fidel preguntó a Hammarskjöld si no creía que “había llegado el momento de cambiar la sede de las Naciones Unidas para otro país”, a lo que el Secretario General respondió con un ligero movimiento del hombro derecho.
En Cuba, al conocer de la nueva agresión, de manera espontánea, cientos de cubanos se fueron reuniendo en parques y plazoletas de todo el país. El pueblo en pleno había decidido pasar la noche a la intemperie, como muestra de solidaridad con Fidel y su comitiva.

En La Habana, una singular y gigantesca movilización se congregó dentro de la explanada norte del Palacio Presidencial y sus calles aledañas. Improvisados cartelones y telas decían “Con hotel o sin hotel, tendrán que oír a Fidel”.
Allí, el comandante Raúl Castro —quien había sido designado Primer Ministro por el tiempo que Fidel estaría fuera de Cuba—, dirigiéndose a los presentes comentó que apenas una hora se había necesitado para convocar a los habaneros a esa concentración que, en es­cala menor, representaba la Asamblea Gene­ral del Pueblo de Cuba.
Con palabras emocionadas, Raúl desenmascaró las intenciones del gobierno de Estados Unidos y, refiriéndose a Fidel dijo: “Lo respetan, lo respetaron antes y tendrán que respetarlo encuéntrese donde se encuentre. A los gobernantes que fielmente responden y respetan a sus respectivos pueblos, tienen que respetar los demás dondequiera que se encuentren”.2

TUVE QUE REFUGIARME EN HARLEM
En medio de esa situación, gracias a la solidaridad de la comunidad afronorteamericana y latina, la delegación encabezada por Fidel fue invitada a alojarse en un hotel de Harlem, el barrio del pueblo negro neoyorquino. Entre los coordinadores de aquella acción estuvo Malcolm X, el mítico activista por los derechos humanos.

Cuando supo de esa invitación, el Primer Ministro cubano comunicó al secretario general de la ONU que le habían brindado el hotel Theresa en Harlem y se dispuso a marchar de inmediato hacia el lugar, no sin antes exigir de las Naciones Unidas las garantías correspondientes a un jefe de Estado miembro de esta institución internacional.
Pasada la medianoche, Fidel llegó al hotel Theresa. Su arribo ocurrió apoyado por las voces de los más humildes habitantes de Nueva York que aclamaron al líder cubano con gritos de ¡Viva Castro! y ¡Fidel, Fidel, Fidel!
Años después, en la misión cubana de la ONU —cuando en 1995 asistió a los festejos por el aniversario 50 de las Naciones Unidas—­,­ reunido con Lucius Walker y los Pastores por la Paz, Fidel les contó cómo 35 años atrás tuvo que refugiarse en Harlem en una época de lucha muy dura por los derechos civiles y contra la discriminación.
Fidel relató sobre su nueva visita al barrio neoyorkino: “Me reuní con los de Harlem, ¡qué placer!, ¡qué felicidad!, ¡qué afecto!, ¡qué cariño encontré allí!, ¡qué espíritu de lucha, de combatividad pude apreciar allí! ¡Increíble! […] Pocas veces en mi vida he visto tanto entusiasmo, tanto afecto y tanto apoyo. Y si no olvidé el primer Harlem, jamás podré olvidar el segundo Harlem. ¡Ojalá viviera mil años para seguirlo recordando! Fue realmente muy emocionante para mí”.3
Así comenzaron los diez días de la delegación cubana en las entrañas del imperio.

1 Revolución, 19 de septiembre de 1960, La Habana, p. 12.

2 Revolución, 20 de septiembre de 1960, p. 8.
3http://www.cuba.cu/gobierno/discursos/1995/esp/f251095e.html.

Impunidad y corrupción: cómo identificar a un corrupto

   A quien le sirva el sombrero que se lo ponga


                Con frecuencia hablamos de la corrupción instalada en nuestra sociedad. Hacemos referencia a funcionarios corruptos y hechos de corrupción. Olfateamos la descomposición del tejido social que implica lo que, por definición, es un cuerpo corrupto. Pero ¿cómo identificar más allá de las visibles consecuencias un acto de corrupción? O mejor aún, ¿cuáles son las características de un corrupto, que lo distinguen del común de los mortales?
                En primer lugar debemos saber que un acto de corrupción no identifica a un corrupto. Todos, en mayor o en menor medida, hemos sido autores, por acción u omisión, de un acto tendiente a corromper un sistema particular. Quien más o quien menos ha pasado un semáforo en amarillo casi anaranjado vulnerando la ley de tránsito. O no usamos el cinturón de seguridad, o el casco en la motocicleta, etc. Transgredir una norma circunstancialmente no nos hace corruptos. Menos aún cuando reconocemos esa falta y en el mejor de los casos tratamos de reparar el daño si lo hubo. 
                Pero si cometer un acto de corrupción no nos hace corrupto, ¿cómo identifico a un corrupto? ¿Qué es lo que lo caracteriza? ¿Cómo es su perfil? Veamos.
                En primer lugar el corrupto no se percibe a sí mismo como tal. No se identifica como corrupto. La persistencia de su actitud es tal que no advierte la gravedad del mal. La cotidianeidad, la costumbre de repetir una y otra vez actos de corrupción le anestesian la conciencia. Hay todo un camino que comienza con un acto corrupto – por ejemplo, el legislador que designa a un familiar como asesor, por nepotismo,- y poco a poco va admitiendo como natural otros “renuncios” como dirían nuestros gauchos. Curiosa y sabia palabra que indica claramente a donde se desliza: se renuncia a la actitud moral una y otra vez.
                Como la corrupción debe ser enmascarada, el sujeto es un maestro para aparentar lo que no es: veleidoso y narcisista, superficial y acomodaticio. Frívolo y lujurioso. Vale reiterarlo: aparentar lo que no se es. Una verdadera estrategia del camuflaje que le da pingüe ganancia en círculos de poder. Su familia tal vez atraviese por la peor tormenta pero él siempre conservará las apariencias y sonreirá para “la gilada”, ya que siempre se considera mejor que los demás. Claro que su gentileza y educación no le permitirán manifestarlo. Como aquel empresario que aún en la quiebra sigue dando fiestas, repartiendo favores y pagando regalos caros a funcionarios tan venales como él.
Como debe auto justificarse para mantener adormecida a su conciencia vive en permanente comparación. “¡Si él lo hace por que yo no! Después de todo no soy ningún delincuente. No mato a nadie!”. De allí que nunca admita que su propia corrupción y necesite exacerbar sus logros sociales o laborales  –con pies de barro- y exponerlos, sea en círculos reservados donde actúa o en los públicos a los que accede gracias a los medios de difusión. Dar a publicidad grandes inversiones empresarias pero evadir impuestos convirtiéndose en un delincuente, es un ejemplo.
En tanto mantenga dominada su conciencia la considerará impoluta. Proclamará su “limpieza” y por ende exigirá un trato excelso.  No soporta la crítica y mucho menos que se le insinúen como corruptas sus actitudes. Contrataca de inmediato, insulta si es necesario, muestra su ira y su orgullo herido. Hace del honor una bandera con el serio riesgo que se transforme en mortaja. Verbi gratia, un juez que exige ser tratado de Su Señoría, que no trepida en llamar al jefe de todo aquel que lo critique –sea cual fuere el ámbito- pero que apenas concurre cuatro o cinco horas a su Tribunal, dejando que los expedientes se les amontonen, “¡Total! Si la culpa la tiene el sistema, no yo…”. Transparencia Internacional nos califica con la nota 2,90 sobre diez. Somos uno de los países mas corruptos de América.¿La razón?. La impunidad. ¿Quiénes son responsables de tanta impunidad?. Nosotros, jueces y fiscales. Una imagen clara es que en la pretendida lucha contra el narcotráfico siempre caen los que trasportan la droga o en el mejor de los casos el que la estira. Nunca una causa de lavado de dinero.
Corrupción e impunidad. Fíjense estos nùmeros que cualquiera puede consultar en el link estadísticas de la página www.mpf.gov.ar  : Veamos condenas en algunos delitos federales en Capital Federal: Lavado de dinero en casi diez años solo once condenas. En los últimos cuatro años: ninguna. Por delitos ambientales: dos. Incumplimiento de los deberes de funcionarios públicos y por malversación de caudales públicos : una sola condena para cada uno de estos delitos en casi diez años. Por coimas o cohecho: cuatro en casi una década. Por enriquecimiento ilícito: una en el mismo lapso de tiempo. Por prevaricato, por retardo o denegación de justicia, por apremios ilegales a presos a su guarda, por abuso de autoridad, por organización y financiamiento de trafico de estupefacientes, NINGUNA CONDENA del año dos mil al 2008. ¿Impunidad? Las causas en su mayoría terminan por prescripción a un costo incalculable para el estado. O mejor si: Hay ong que han calculado que cada expediente penal –y hay cientos de miles- le cuesta a los ciudadanos mil doscientos dólares. Cuando del propio Estado no se cumple los fallos de la propia Corte Suprema de Justicia de la Nación como ocurre en el caso del  Riachuelo y ningún fiscal investiga a los incumplidores ¿Qué puede esperarse?. Y lo peor es que nuestras reacciones son viscerales: marchas pidiendo justicia pero sin un plan concreto para obtenerla. Grandes concentraciones populares que se desinflan como un globo y ni siquiera mellan a la corrupción estructural instalada como el cuero de un de un elefente. No le entran las balas, no señor.
Y podríamos seguir…: como dijo una vez un cura “La corrupción no es un acto, sino un estado, estado personal y social, en el que uno se acostumbra a vivir”. ¿Qué tan acostumbrados estamos?.
Antonio Gustavo GómezFiscal General ante la Cámara Federal de Tucumán

Juan Bosch: Vida, pensamiento y legado (1 de 3)

Autor/a: Domingolarevista.com — Editar Estimados amigos lectores: En esta oportunidad deseo hacer una breve aclaración y, al mismo tiempo, p...