sábado, 19 de septiembre de 2015

En Fotos: Diez días de Fidel Castro en las entrañas del imperio (1 y 2 Parte)

Así comenzaron los diez días de la delegación cubana en las entrañas del imperio.
Fidel desciende la escalerilla del avión en aerpuerto internacional Idlewild, en Nueva York. Foto: Alberto Korda
Fidel desciende la escalerilla del avión en aerpuerto internacional Idlewild, en Nueva York. Foto: Alberto Korda
Fidel saluda desde la escalerilla del avión que lo conducirá a él y a la delegación cubana que participará en el XV Periodo de Sesiones de la Asamblea General de la ONU en Nueva York. Foto: Alberto Korda
Fidel saluda desde la escalerilla del avión que lo conducirá a él y a la delegación cubana que participará en el XV Periodo de Sesiones de la Asamblea General de la ONU en Nueva York. Foto: Alberto Korda
Fidel desciende la escalerilla del avión en aerpuerto internacional Idlewild, en Nueva York. Foto: Alberto Korda
Fidel desciende la escalerilla del avión en aerpuerto internacional Idlewild, en Nueva York. Foto: Alberto Korda
Ante numerosos microfonos Fidel Castro formula sus primeras declaraciones al llegar al aerpuerto internacional Idlewild, en Nueva York (hoy John F. Kennedy). Foto: Alberto Korda
Ante numerosos microfonos Fidel Castro formula sus primeras declaraciones al llegar al aerpuerto internacional Idlewild, en Nueva York (hoy John F. Kennedy). Foto: Alberto Korda
Ante numerosos microfonos Fidel Castro formula sus primeras declaraciones al llegar al aerpuerto internacional Idlewild, en Nueva York (hoy John F. Kennedy). Foto: Alberto Korda
Ante numerosos microfonos Fidel Castro formula sus primeras declaraciones al llegar al aerpuerto internacional Idlewild, en Nueva York (hoy John F. Kennedy). Foto: Alberto Korda
7 Fidel Castro reprocha visiblemente indignado a un policía que trata de evitar que responda a los saludos de la multitud. Foto: Prensa Latina
Fidel Castro reprocha visiblemente indignado a un policía que trata de evitar que responda a los saludos de la multitud. Foto: Prensa Latina
Un agente de seguridad trata de impedir que Fidel salude a la multitud que lo ve pasar. Foto: UPI
Un agente de seguridad trata de impedir que Fidel salude a la multitud que lo ve pasar. Foto: UPI
Policías y agentes de seguridad rodean el automóvil que conduce a Fidel Castro a la salida del aeropuerto internacional Idlewild, en Nueva York (hoy John F. Kennedy). Foto: Prensa Latina
Policías y agentes de seguridad rodean el automóvil que conduce a Fidel Castro a la salida del aeropuerto internacional Idlewild, en Nueva York (hoy John F. Kennedy). Foto: Prensa Latina
Fidel Castro antes de abandonar el hotel Shelbourne, donde se encontrababa alojada la delegación cubana. Foto: Prensa Latina
Fidel Castro antes de abandonar el hotel Shelbourne, donde se encontrababa alojada la delegación cubana. Foto: Prensa Latina
Dirigentes de prestigiosas instituciones negras de Estados Unidos visitaron a Fidel Castro luego de su decisión de aceptar el ofrecimiento de alojamiento del hotel Theresa, en Harlem. Foto: Prensa Latina
Dirigentes de prestigiosas instituciones negras de Estados Unidos visitaron a Fidel Castro luego de su decisión de aceptar el ofrecimiento de alojamiento del hotel Theresa, en Harlem. Foto: Prensa Latina
Fidel llega a las 1130 de la noche (20-9-60) al hotel Theresa en Harlem, luego de ser recibido por Dag Hammarskjold, secretario general de la ONU. Foto: Prensa Latina
Fidel llega a las 11:30 de la noche (20-9-60) al hotel Theresa en Harlem, luego de ser recibido por Dag Hammarskjold, secretario general de la ONU. Foto: Prensa Latina
Fidel Castro acompañado por Juan Almeida, Celia Sánchez y otros miembros de la delegación cubana, bajan al comedor de los trabajadores del hotel Theresa. Foto: Alberto KordaFidel Castro acompañado por Juan Almeida, Celia Sánchez y otros miembros de la delegación cubana, bajan al comedor de los trabajadores del hotel Theresa. Foto: Alberto Korda
"He venido a rendir homenaje la hombre heroico que derrocó al tirano Fulgencio Batista", dijo con admiración el Primer Ministro de la URSS, Nikita Jruschov al abrazar a Fidel en su habitación del hotel Theresa. Foto: Alberto Korda
“He venido a rendir homenaje la hombre heroico que derrocó al tirano Fulgencio Batista”, dijo con admiración el Primer Ministro de la URSS, Nikita Jruschov al abrazar a Fidel en su habitación del hotel Theresa. Foto: Alberto Korda
Integrantes del comité Pro Justo Trato para Cuba, reunidos en el salón principal del hotel Theresa, le entregaron a Fidel un busto de Abraham Lincoln. Foto: Alberto Korda
Integrantes del comité Pro Justo Trato para Cuba, reunidos en el salón principal del hotel Theresa, le entregaron a Fidel un busto de Abraham Lincoln. Foto: Alberto Korda
Fidel Castro junto al canciller Raúl Roa durante la intevención que ofrece Nikita Jruschov, primer ministro de la URSS. Foto: Alberto Korda
Fidel Castro junto al canciller Raúl Roa durante la intevención que ofrece Nikita Jruschov, primer ministro de la URSS. Foto: Alberto Korda
El presidente de la República Arabe Unida (RAU) Gamal Abdel Nasser, arribó las 1005 de la mañana al hotel Theresa en Harlem, para visitar al Comandante en Jefe Fidel. Foto: UPI
El presidente de la República Arabe Unida (RAU) Gamal Abdel Nasser, arribó las 1005 de la mañana al hotel Theresa en Harlem, para visitar al Comandante en Jefe Fidel. Foto: UPI


Fidel Castro comenta con el canciller Raúl Roa la intevención que ofrece Nikita Jruschov, Primer Ministro de la URSS. A la derecha el comandante Juan Almeida y detrás, Raúl Roa Kourí. Foto: Korda, Alberto
NIKITA JRUSCHOV Y FIDEL CASTRO
La mañana del martes 20 de septiembre de 1960, una multitud calculada en miles de personas por la propia policía neoyorquina —a la cual no es posible acusar de parcialidad en favor del líder cubano— aguardaba la salida de Fidel Castro por las calles que rodean el hotel Theresa, cuando a las 12 y 14 minutos del mediodía, apareció frente al hotel, Nikita Jruschov. El Primer Ministro soviético iba a saludar a su homólogo cubano.
Fidel Castro recibió personalmente al go­ber­nante soviético. Era el primer encuentro de am­bos líderes, quienes sostuvieron una cordial con­­­­­­versación que no excedió los 30 mi­nutos.
Tras la partida de Jruschov, el Primer Mi­nistro cubano se dirigió hacia el edificio de la ONU, adonde llegó alrededor de las tres de la tarde.
Un nuevo precedente se estableció en la Asam­blea de las Naciones Unidas, cuando Ni­ki­ta Jruschov se levantó de su asiento para saludar a Fidel. Los periodistas y empleados de la ONU confirmaron que era la pri­mera vez en la historia de ese organismo que un jefe de Go­bierno se levanta para ir a saludar a otro jefe de Gobierno.
Una breve entrevista de ambos acaparó la atención de los delegados de las 97 naciones y de más de dos mil periodistas presentes.
“He venido a rendir homenaje al hombre heroico que derrocó al tirano Fulgencio Batista”, dijo con admiración el Primer Ministro de la URSS, Nikita Jruschov al abrazar a Fidel en su habitación del hotel Theresa. Foto: Korda, Alberto

NUEVOS INTENTOS PARA OBSTACULIZAR PRESENCIA DE CUBA EN LA ONU
Aunque la delegación cubana había resuelto el problema de alojamiento y participaba en la Asamblea, iban en aumento los intentos de obstaculizar su presencia en el país.
En horas de la noche de ese martes 20 de septiembre, se produjo el secuestro de otro avión cubano. Ese acto de inadmisible piratería fue cometido contra la nave donde viajaban el comandante Juan Almeida y el ministro Regino Boti, quienes habían llegado para integrarse a la delegación cubana.
El avión secuestrado —un Britannia de Cu­ba­na de Aviación—, llevaba una inscripción que decía: “Delegación de Cuba en la O.N.U.”. La nave fue entregada por las autoridades de Nue­va York a un funcionario judicial. El hecho no fue casual, este era el tercer avión cubano que retenían los norteamericanos en una semana. El primero, fue un Bri­ta­nnia que llegó al aeropuerto Idlewild en un servicio regular de pasajeros y, el segundo, un DC-4 de Aerovías Q.
Otro hecho, esta vez de trágicas consecuencias, aconteció en el restaurante El Prado, ubicado en la Octava Avenida y la calle 51 en Nue­va York. En ese mismo lugar, en la tarde del miércoles 21, un grupo de cubanos simpatizantes de la Re­vo­lución fue atacado a tiros por varios contrarrevolucionarios. Los disparos hi­rieron a una niña ve­nezolana de apenas nueve años de edad, quien se encontraba de paseo con sus padres. La­mentablemente, la niña fa­lle­ció al siguiente día.
La policía neoyorquina llegó minutos después del tiroteo. Las detenciones que realizó no in­cluían a los atacantes. El Departamento de Es­tado norteamericano, en una monstruosa con­ju­ra, inculpó a un inocente, solo porque simpatizaba con la Re­vo­lución Cu­ba­na.
Fidel Castro, acompañado por otros miembros de la delegación cubana, almuerza junto a los trabajadores del hotel Theresa, donde se improvisa una conferencia de prensa con numerosos periodistas. Foto: Korda, Alberto

ALMORZARÉ CON LOS HUMILDES
En la sesión del jueves 22, el jefe de la delegación cubana, Fidel Castro, junto al canciller Raúl Roa, el comandante Juan Almeida y demás miem­bros de su delegación, acudió a saludar a Ni­kita Jruschov en el salón de sesiones de la ONU. Momentos después el Mariscal Josip Broz, Tito, presidente de la República Fe­de­rativa Socialista de Yugoslavia, se acercó a Fi­del y departió con el líder revolucionario cu­bano durante unos minutos.
Mientras tanto, las autoridades yanquis siguieron sus actos inamistosos hacia Cuba al excluirla de un almuerzo que Eisenhower ofreció el 22 de septiembre a las delegaciones latinoamericanas.
La reunión, convocada por el imperialismo, se efectuaría después que el presidente Eisen­hower pronunciara su discurso en la Asamblea General de la ONU, por la mañana. Un vocero del gobierno de Estados Unidos había anunciado la invitación a 18 representantes latinoamericanos ante la ONU (la lista excluía a Cuba y República Dominicana). Al festín imperialista en el salón Waldorf To­wers, del hotel Waldorf Astoria, dejó de asistir el jefe de la delegación uruguaya Eduar­do Víctor Haedo, quien no fue en obvio gesto de solidaridad con el representante cu­bano.
Ese día, cuando Fidel salía de la ONU, un pe­riodista le preguntó cuál era su opinión so­bre el almuerzo en el lujoso Waldorf As­to­ria, al cual no había sido invitado.
“Me parece bien —respondió— y lo que de­seo es que los que asistan a él tengan buen apetito. Yo almorzaré en el barrio de Harlem, con los humildes. Yo pertenezco al pueblo humilde”.
Al llegar al hotel Theresa, Fidel subió al comedor donde almorzó con los empleados y el propietario. Lo acompañaban Celia Sán­chez y otros miembros de la delegación, así como numerosos periodistas norteamericanos, quienes antes de comenzar el almuerzo le hicieron varias preguntas.

DE UN LIBERTADOR A OTRO LIBERTADOR

En horas de la noche, el Comité Cubano Norteamericano ofreció una cena al compañero Fidel.
Richard Gibson, miembro del Comité Pro Justo Trato a Cuba, entregó un busto de Abraham Lincoln al Primer Ministro de Cuba y reconoció “el honor que es para el Comité hacer entrega del busto de Lincoln a Castro”.
En el momento de la entrega, Gibson expresó: “De un libertador a otro libertador”.
Al acto asistieron más de 300 personas. Des­pués del saludo hecho por Gibson, el compañero Fidel tomó la palabra. Al referirse a su estancia en el hotel Theresa y en el barrio de Har­lem, confesó: “me siento como quien camina en un desierto y se encuentra, de re­pente, en un oa­sis”.
El Primer Ministro cubano obsequió a Love Woods —propietario del hotel Theresa—, un busto del prócer cubano José Martí, con la siguiente inscripción: “Peca contra la humanidad el que fomente y propague la oposición y el odio de las razas”.

¡ESTUPENDO!, ¡ESTUPENDO!

El viernes 23, en la sesión de trabajo de la Asam­blea General de la ONU intervino Nikita Jrus­chov. El Primer Ministro soviético fue portador de proposiciones a favor de liquidar el colonialismo, de respetar y cumplir estrictamente las cláusulas de la Carta de las Naciones Unidas, y de otras importantes propuestas, como la de trasladar la sede de la ONU de Estados Unidos.
“¡Estupendo!”, “¡Estupendo!”, se escuchó por los auriculares de la transmisión en español de traducciones simultáneas cuando el Premier soviético hizo la propuesta del traslado de sede. La voz que se escuchó fue reconocida como la de Fidel, quien en su entusiasmo no pudo contenerse y lanzó esa exclamación de aprobación, dirigiéndose al doctor Raúl Roa.
Esa noche, el Primer Ministro soviético ofreció una cena a la comitiva cubana. El encuentro se efectuó en el edificio de la delegación permanente de la Unión Soviética en la ONU.


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